Almaraz ha cambiado el paso de Extremadura. O, al menos, como poco, ha derribado ese mantra que ha ido, de un tiempo a esta parte, calando fuera y, sobre todo, dentro de una región que se ha sentido incapaz, en muchos casos, de dar un golpe en la mesa y reclamar lo que es suyo. Con la central ha ocurrido lo contrario. La sociedad civil ha tomado las riendas de una lucha que sienten propia y que solo busca un objetivo, por encima de colores políticos e ideologías: salvar la industria más grande de la región.
Tras años de incertidumbre, en los que, poco a poco, se fue dibujando el escenario de un posible cierre, en enero de 2025, el norte cacereño dio un paso al frente. Definitivamente. El 18 de enero, un frío sábado, de lo más típico en la comarca del Campo Arañuelo, más de 10.000 personas se congregaron a las puertas de la central nuclear para reclamar su continuidad y exigir al Gobierno de España que se replantease un cierre que se llevaría por delante más de 4.000 empleos.
Aquella manifestación, que reunió a trabajadores, empresarios, sindicatos, alcaldes de todos los colores políticos y ciudadanos de toda condición, fue el punto de partida de un camino sin retorno, de una cruzada, en extremeño, que comenzaba con una imagen de unión, de cohesión, no muy habitual en Extremadura. Al menos no en los últimos años. Las calles, la movilización espontánea de mucha gente, dieron paso al nacimiento de la plataforma ‘Sí a Almaraz, Sí al Futuro’.
El clamor ciudadano, que fue calentándose y tomando verdadero color meses antes, abrió paso a una estrategia decidida para intentar que el ejecutivo de Sánchez abriese una negociación real con las empresas propietarias. Un movimiento ciudadano respaldado también a nivel institucional por la Junta de Extremadura o la Diputación de Cáceres, de signo socialista, que desde el primer momento apoyaron la causa.
El 18 de enero de 2025 más de 10.000 personas se congregaron a las puertas de la central para exigir su continuidad y garantizar, así, 4.000 empleos
Crowfunding y perseverancia
A lo largo de 2025, la plataforma lanzó dos campañas de crowfunding. Entre ambas, consiguió que la ciudadanía aportase un total de 60.000 euros. Difícilmente, haya mejor muestra para representar el respaldo social con el que se contaba y se sigue contando. Ese dinero ha servido para costear desplazamientos y acciones, pero habría caído en saco roto sin la perseverancia y el estoicismo de centenares de personas que empezaron a luchar cuando nadie, o casi nadie, creía reversible el cierre.
Hace apenas unos meses, yendo todavía más allá de la plataforma, se firmó en Navalmoral de la Mata la llamada «Alianza por Almaraz», un acuerdo respaldado por más de 80 entidades regionales, desde instituciones a sindicatos, pasando por empresas o colectivos ciudadanos.
El panorama, un año después, es muy distinto. La supervivencia de la central nuclear es hoy una posibilidad mucho más cercana que a comienzos de 2025. Son muchos hitos los que explican que la situación, efectivamente, ha dado un giro. El gran apagón de abril puso en evidencia la necesidad de la nuclear. La Junta de Extremadura accedió a bajar los impuestos autonómicos. Y las empresas propietarias, finalmente, solicitaron la prórroga.
Son meses cruciales para el futuro de Almaraz, que sigue en manos y a la espera del informe del Consejo de Seguridad Nuclear. El optimismo es ahora, también, parte de la bandera de esta particular cruzada. En Extremadura se cree, ahora sí, que Almaraz seguirá viva, al menos hasta 2030. Y, mientras tanto, la plataforma sigue su camino. Febrero, de hecho, será determinante. Los próximos días 16 y 17, una delegación de la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo realizará una visita de información a la comarca para recabar datos de las implicaciones que tendría el cierre.
Son meses cruciales para el futuro de Almaraz, que sigue en manos y a la espera del informe del Consejo de Seguridad Nuclear
Paradójicamente, la central nuclear de Almaraz ha conseguido difícilmente explicable. Ha conseguido unir a Extremadura dos veces. Primero, para que no abriese sus puertas. Y, ahora, para que no las cierre. Hay un denominador común en ambos extremos, en ambos momentos: Extremadura creyó, antes y ahora, que no decidía su futuro.
FUENTE ABC
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