Valentín González dice que votaría a Amancio Ortega como presidente de la Xunta

Hay entrevistas que sirven para conocer mejor a un político. Y hay otras que sirven, sobre todo, para preguntarse qué político tenemos delante.

La reciente intervención de Valentín González Formoso en Nos Televisión pertenece claramente a la segunda categoría. El alcalde de As Pontes y dirigente supuestamente socialista hizo un repaso de su trayectoria política y dejó por el camino una colección de declaraciones que, juntas, dibujan un panorama cuanto menos desconcertante.

La más llamativa fue, probablemente, su confesión de que votaría a Amancio Ortega si se presentase a las elecciones como candidato a la Presidencia de la Xunta porque lo considera un socialdemócrata. Que un dirigente socialista sitúe al fundador de Inditex y el hombre más rico del mundo como hipotético destinatario de su voto y, además, lo presente como referente de la socialdemocracia resulta, cuando menos, una manera bastante particular de entender la tradición política de su propio partido. Solo le faltó defender como presidente de USA a otro empresario de éxito: Donald Trump.

Pero la cosa no termina ahí.

Hace unos meses, en la Casa Dopeso, Formoso aseguraba, «hablando con el corazón», que María Jesús Lorenzana, actual conselleira de Industria de la Xunta, era la mejor conselleira de la historia de la autonomía. Un elogio extraordinariamente generoso hacia una integrante de un Gobierno que no es precisamente el suyo.

Y mientras reparte elogios a dirigentes del Partido Popular y encuentra en Amancio Ortega un hipotético candidato digno de su voto, Formoso se distancia de dos nombres históricos del socialismo como Felipe González y Francisco Vázquez. Según sus propias palabras, ninguno de los dos representa ya un modelo para él porque habrían traicionado los principios de su partido. Aparte de retóricos, no parecen claros. Tampoco —o, cuando menos, lo calla— encuentra las referencias en los actuales dirigentes de su partido.

Es decir: los referentes socialistas dejan de ser referentes; un empresario multimillonario pasa a ser presentado como socialdemócrata; una conselleira del Gobierno de la Xunta recibe el calificativo de mejor de la historia; y, entretanto, el discurso contra la extrema derecha ocupa también un lugar destacado.

Con José Luis Rodríguez Zapatero tampoco se quedó corto. Formoso sostuvo que, al margen de las cuestiones judiciales que deban aclararse, habría que revisar el papel de los expresidentes y defendió que, si cobran del erario público, deben estar al servicio del país, llegando incluso a plantear una revisión al alza de su remuneración para evitar tentaciones. Lo de la remuneración fue también tema recurrente al afirmar que accedió al ayuntamiento perdiendo dinero en el sueldo. Y es de agradecer.

Sobre Vox, su diagnóstico fue igualmente contundente: una moda que, a su juicio, terminará pasando como pasó con Podemos. Incluso recurrió a una comparación especialmente gráfica al afirmar que podría llegar un momento en que no los votarían «ni para concejales de Torrelodones».

Y, para rematar la faena, el alcalde entregó al presentador un frasco con arena que dijo haber traído de Normandía. El regalo pretendía simbolizar, según explicó, la lucha heroica contra la extrema derecha. Cuidado con el mensaje.

Todo ello podría parecer simplemente una sucesión de ocurrencias si no fuera porque las piezas empiezan a formar un curioso puzle ideológico.

Porque una cosa es evolucionar políticamente, revisar posiciones o discrepar de los referentes históricos de un partido. Y otra, bastante diferente, es acumular declaraciones que hacen difícil saber dónde se encuentra exactamente el punto de referencia político de quien las pronuncia.

La cuestión, por tanto, no es si Formoso tiene derecho a cambiar de opinión. Naturalmente que lo tiene. La cuestión es otra: ¿hacia dónde ha cambiado?

Porque resulta complicado explicar, desde los esquemas tradicionales del socialismo, que Amancio Ortega pueda ser presentado como un referente de la socialdemocracia, que una conselleira del Gobierno del Partido Popular sea considerada la mejor de la historia autonómica y que, simultáneamente, algunos de los grandes nombres del socialismo pasen a ser considerados traidores a sus principios.

Quizá exista una explicación perfectamente coherente para todo ello. Quizá Formoso haya construido una nueva concepción política que todavía no ha explicado con suficiente claridad.

Pero, mientras esa explicación llega, los vecinos de As Pontes tienen motivos para hacerse una pregunta que parece cada vez más inevitable:

¿Qué ideología representa hoy Valentín González en As Pontes?

Porque, si para averiguarlo hay que escuchar a Amancio Ortega, a María Jesús Lorenzana, a Felipe González, a Francisco Vázquez, a Zapatero, a Vox, a Podemos y hasta interpretar el simbolismo de un frasco de arena de Normandía, quizá el problema no sea que el alcalde haya cambiado de posición.

Es posible, conociéndolo, que nadie —ni él mismo— termine de saber cuál es exactamente su posición.

 

Por Aquilino Meizoso Carballo