Vaya por delante, para que esto no se interprete como una animadversión personal al funcionariado, que el que esto escribe tiene muy claro el papel fundamental de este sector de la administración en el correcto funcionamiento de un estado de derecho porque este deberá ser como una orquesta sinfónica donde cada uno tocará, supuestamente, el instrumento que más le guste y para el cual ha sido preparado, de tal modo que la obra musical final salga perfecta.
En principio, el probo funcionario fue preparado para ser un servidor público celoso en el cumplimiento de todas las leyes y normas establecidas por las personas elegidas en el parlamento o en decretos gubernamentales. Sean o no justas, él solo puede aplicarlas, pero nunca discutirlas o cambiarlas.
Sin que esto quiera decir que todos sean iguales, e incluso, en este caso, me refiero a los “funcionarios de carrera” que han obtenido un titulo universitario con el único objetivo de hacer a continuación unas oposiciones a la administración que les asegure un futuro sin sobresaltos ni económicos ni sociales.
Podríamos decir que ese sería el único objetivo de su vida, terminando así, a muy temprana edad, ese ciclo vital de aventuras, proyectos, triunfos y también fracasos que van conformando, humanizando y llenando de sabiduría (para el bien o para el mal) a ese Hombre (en su amplio significado de “especie humana en su conjunto”, para que no se enfaden las feministas)
Hasta aquí nada que objetar pues es un objetivo muy respetable.
El problema surge cuando este alto funcionario se considera a si mismo con más idoneidad para ocupar un cargo de alta responsabilidad en la política…y no sólo él lo cree, sino que así lo entienden los partidos, (generalmente de la derecha acomodada) de tal manera que, en muchas ocasiones nos encontramos con dirigentes funcionarios que actúan como tales y no como políticos.
Porque no podemos olvidar que el político deberá ser, desde la absoluta responsabilidad con su pueblo, audaz…imaginativo y capaz de hacer cambios si son necesarios para mejorar la vida de sus ciudadanos, aunque esto le cree complicaciones, enfrentamientos, riesgo de integridad física y noches sin dormir.
¿Está dispuesto a todo eso el alto funcionario que eligió ese trabajo para tener un futuro, para él y su familia, con total seguridad económica y física que le permitirá planificar su vida sin sobresaltos?
Si lo está, debería optar a un cargo político como cualquier ciudadano, pero más por su disposición a hacer algo que por su preparación de funcionario.
En nuestra sociedad hay políticos funcionarios que saben perfectamente que, al menos durante los primeros años de mandato, si no haces nada tampoco van a ser cuestionado, mientras que, el que pretende hacer algo, ya desde el principio, es criticado sin piedad por muchos de los que quieren compromiso con la sociedad.
¿Será que todos somos cómplices y también tenemos mentalidad de funcionario?
Sería desolador que así fuese
Una curiosidad: Aznar por su resolución a terminar con ETA, sufrió un atentado. Rajoy por no complicarse la vida y dejar todo como estaba, sufrió un “atontado” que le dio un sopapo. Quizás sea un ejemplo. No lo se.
Bernardo Valiño
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