La Navidad en As Pontes como en todas partes ha sido, durante generaciones, uno de los momentos más significativos del calendario local. No solo por su dimensión religiosa, sino porque marcaba un tiempo de encuentro, de memoria y de continuidad cultural. Sin embargo, en los últimos años y de forma deliberada, la festividad ha experimentado en nuestro municipio un proceso de descristianización que refleja no solo la transformación de la sociedad pontesa sino la forzada y artificiosa politización de nuestras costumbres que se refleja en muchas otras cosas como esa iluminación de la casa consistorial que, coincidiendo con determinadas fiestas del ámbito homosexual y transgénero, la han convertido en un engendro raro y de lo más parecido a un puti- club.
Cuando la Navidad tenía un alma: costumbres y tradiciones locales
Durante buena parte del siglo XX, la Navidad en As Pontes estaba profundamente vinculada a la vida parroquial y a las tradiciones familiares. La Misa del Gallo congregaba a vecinos de todos los barrios, y en los hogares se elaboraban belenes artesanales, a menudo con materiales reutilizados y con figuras heredadas, que pasaban de padres a hijos. En la iglesia del Poblado siempre se montaba uno espectacular que era visitado por todos.
Eran tiempos en los que la dimensión espiritual -al margen de las creencias de cada cual-no estaba separada de la vida cotidiana, y donde la Navidad era, ante todo, un espacio de sentido compartido.
El derecho de cambiar nuestras costumbres.
En la As Pontes actual, la Navidad ha adoptado una estética puramente comercial. Las actividades municipales privilegian el ocio infantil, los espectáculos deportivos y los eventos multitudinarios. Las referencias explícitas al nacimiento de Cristo han sido borradas de los espacios públicos y de la programación oficial. Y a eso no tiene derecho ni Valentín, ni nadie.
La Navidad se presenta cada vez más y exclusivamente aquí como un período de entretenimiento y consumo que aspira a ser universal y neutro. Sin embargo, esta neutralidad, lejos de sumar, diluye la memoria cultural que ha sostenido a la comunidad occidental y también la pontesa durante generaciones.
El belén, antes omnipresente en casas, comercios y centros culturales, se ve desplazado por figuras más decorativas —renos, copos de nieve, árboles luminosos— que poco tienen que ver con la tradición local. Lo que antaño era una celebración espiritual y comunitaria se convierte ahora en un espectáculo visual efímero.
El camino a seguir
Recuperar el espíritu cristiano y tradicional de la Navidad en As Pontes no implica imponer la fe, sino reconocer el patrimonio cultural heredado. Significa valorar cosas de siempre como los belenes artesanales, los villancicos, la participación parroquial, las costumbres familiares y los símbolos que durante décadas configuraron un modo propio de vivir la Navidad en nuestra cultura occidental.
Y mientras haya gente creyente, y en As Pontes la hay, nadie tiene derecho a cambar aquí eso por razones sectarias y puramente políticas.
Visto al pasar ese extraño carromato (con perdón) delante, la puerta del Concello recuerda vagamente la entrada de hojas batientes del típico saloon, en una película de vaqueros….Tal es la cosa que no nos extrañaría ver salir (o entrar) al Bueno, el Feo y el Malo, a caballo, riendas en mano y pistola al cinto…Pero los caminos del Señor son inescrutables, y, mira por dónde, aquí nos enteramos, por fin, en qué consiste el asunto. Es Navidad, y alguien (quién sabe quién o quienes) decidió disfrazar tal celebración ¿con lo políticamente correcto? ¿a este punto de papanatismo llegamos? Un pueblo que no respeta sus tradiciones no se respeta a sí mismo y, lo que es peor, tampoco a su gente.