Donald Tusk, el primer ministro polaco, anunció él mismo la buena nueva el pasado día 8: la Comisión Europea le había adelantado que autorizaba por fin la construcción del primer complejo de energía nuclear. La responsable de la decisión no quiso ni aparecer en el comunicado oficial, pese a que autorizaba un gran apoyo público a una inversión de nada menos que 42.000 millones de euros para la construcción de tres reactores nucleares en el área de Lubiatowo-Kopalino.

Es Teresa Ribera, la vicepresidenta de la Comisión Europea responsable de Competencia, la que cerraba así con visto bueno una larga investigación a la empresa pública polaca Polskie Elektrownie Jdrowe por si tan magno proyecto eléctrico podía implicar una ayuda de Estado ilegal en la UE.

Ribera y su equipo han zanjado que no lo es, tras una serie de condiciones y justifican la aprobación, porque, entre otras razones, «el proyecto desempeña un papel esencial en los planes de descarbonización de Polonia«. Se trata de la primera central nuclear de ese país, apoyado históricamente en el carbón y, según su viceministro de Energía, Wojciech Wrochna, colocará a su país «entre los más competitivos del mundo en precios».

La energía nuclear es particularmente apreciada por uno de los sectores más inversores de moda: el de los centros de datos que necesitan energía estable durante 24 horas al día a precio previsible. Esta autorización, imprescindible para Polonia, es una de las decisiones del año de la Comisión Europea en materia de ayudas de Estado, pero Ribera prefirió un papel discreto por razones obvias. Ella defendió en el Gobierno el calendario en vigor de cierre de centrales en España, empezando por Almaraz, con firme bandera antinuclear.

Por su parte, la presidenta del Banco Europeo de Inversiones y ex vicepresidenta primera del actual Gobierno español, Nadia Calviño, también ha contribuido a potenciar este tipo de energía en otro país comunitario fronterizo con Rusia: Finlandia.

El pasado 30 de octubre, el Banco Europeo de Inversiones confirmó con un notable préstamo en Finlandia el cambio histórico que está impulsando Calviño en esta institución europea al aceptar financiar proyectos nucleares. En concreto, 90 millones de euros para ayudar a dos reactores en la isla de Olkiluoto a extender su vida activa hasta 20 años. Llevan en funcionamiento desde 1980 proporcionando el 15% de la energía de ese país.

Más allá de la cifra, tiene valor político el mensaje oficial que dio el BEI para justificar este apoyo: «La operación contribuye al objetivo estratégico de la UE de contar con una energía competitiva, libre de emisiones y segura. También está alineada con la Hoja de Ruta Energética 2050 de la UE, que prevé que la energía nuclear continúe desempeñando un papel en la cesta energética de los Estados miembros que opten por utilizarla». Calviño está cumpliendo así la condición que le puso Francia para aceptar su nombramiento en el BEI: incluir lo nuclear y la defensa en sus préstamos.

Los dos proyectos en Polonia y Finlandia forman parte de la vuelta a lo nuclear que se ha extendido en 2025 en una UE que busca soberanía energética y abaratar la luz y es significativo que fructifiquen gracias a Ribera y Calviño, que cumplen con su deber contribuyendo a esta ola.

Mientras, en España el Gobierno aceptó tramitar la propuesta del sector eléctrico de extender al menos tres años la vida de Almaraz, pero no quiso ir más lejos en su aciaga campaña en las elecciones de Extremadura. El PSOE perdió la mitad de sus votos en el simbólico municipio y ya es tercera fuerza tras PP y Vox. 2026 puede ser, sin embargo, el año de la prórroga nuclear en España, aunque de momento, esto figura en los pactos PSOE-Sumar: «Haremos un cierre de las nucleares planificado, seguro, ordenado y justo socialmente, escalonando el cese de operación de todas las centrales entre 2027 y 2035».

Es lógica la preocupación de cualquier gobierno por los grandes riesgos de la energía nuclear -seguridad y coste de los residuos- pero hasta Japón anuncia la reapertura de la mayor central del mundo y en la mayoría de la UE creen ya que, para lograr autonomía y mejores precios, es rentable este revival. También salen las cuentas en los equipos (europeos) de Ribera y Calviño. Ambas aciertan en dar el giro. Falta su exjefe.

EL MUNDO