Hoy, la noticia vuelve a ocupar las portadas: el gigante chino SAIC Motor elige Galicia —y más concretamente el eje Ferrol-As Pontes— para levantar su primera fábrica de vehículos eléctricos en Europa. La Xunta lo califica de «proyecto industrial estratégico», hablan de 200 millones de inversión inicial, 2.300 empleos y una producción de 120.000 coches al año. Los titulares son, una vez más, brillantes y optimistas.
Sin embargo, para el ciudadano de As Pontes, el entusiasmo no llega a ser más que un eco lejano. Hemos visto esta película demasiadas veces antes.
La memoria en nuestro pueblo no falla. Durante todo el tiempo en que se tramitaba el cierre de la central térmica, la prensa no paraba de inundarnos con el anuncio de futuros proyectos industriales. Mientras se decidía el fin de nuestra principal fuente de riqueza, nos prometían plantas de hidrógeno verde de empresas energéticas punteras, fábricas de neumáticos y centros de almacenamiento de energía que vendrían a salvarnos. Aquellos titulares constantes servían de contrapunto a la realidad que vivíamos: mientras las promesas de inversión ocupaban las páginas de los diarios, el proceso para desmantelar nuestra industria seguía su curso inexorable.
¿Cuál es el balance a día de hoy? Lo único que se cumplió con precisión quirúrgica fue el cierre de la central y su posterior demolición, que vemos ejecutarse ante nuestros ojos. Aquellas promesas que nos vendieron mientras se tramitaba el fin de la térmica se han evaporado, dejando el paisaje de As Pontes irreconocible y a muchas familias esperando unas oportunidades laborales que nunca llegaron a materializarse.
Ahora, ante el anuncio de SAIC, la pregunta que recorre las calles no es cuánto van a invertir, sino cuánto tiempo pasará hasta que este nuevo titular se convierta en otro anuncio olvidado. Para el vecino que ha visto cómo su motor económico era borrado del mapa bajo la promesa de una «transición justa» que sigue sin llegar, esta nueva noticia se recibe con una mezcla de cautela y amargura.
¿Estamos ante el «mayor proyecto industrial de las últimas décadas» o simplemente ante otro capítulo de una estrategia de comunicación diseñada para calmar las aguas ante la destrucción industrial de nuestro pueblo? La historia reciente de As Pontes nos ha enseñado a no creer en los titulares hasta que no veamos a la maquinaria trabajando —y esta vez, que no sean para demoler, sino para construir—.
As Pontes no quiere más menti…promesas.

Se puede decir más alto pero no más claro.
Propongo paralizar la demolición de la térmica hasta que no tengamos al menos un proyecto montado y funcionando.
Ya basta de propaganda y de engaños.