Este jueves desaparecerán las cuatro torres de refrigeración de la central térmica. Será probablemente el momento más simbólico de todo el proceso de desmantelamiento: en apenas unos segundos caerá una parte del paisaje que identificó a As Pontes durante décadas. Sin embargo, resulta llamativo que, precisamente en la semana en la que se va a consumar ese hito histórico, La Voz de Galicia vuelva a situar en primera plana una noticia sobre la posible llegada de una gran empresa.
No es la primera vez que ocurre. Durante la tramitación del cierre de la central, mientras avanzaban, de manera extraordinariamente ágil, los expedientes administrativos que terminarían con el fin de la actividad (https://amigosdeaspontes.org/el-informe-del-arquitecto-municipal-sobre-la-licencia-de-demolicion-de-las-instalaciones-de-endesa-fue-realizado-en-seis-dias-y-el-del-ayuntamiento-en-cinco/), La Voz y otros periódicos fueron publicando de manera recurrente informaciones sobre proyectos empresariales llamados a sustituir el empleo perdido. Grandes anuncios, expectativas e inversiones que parecían inminentes. Con el paso del tiempo, aquellas promesas nunca llegaron a materializarse…salvo el cierre.
Ahora el patrón parece repetirse. Cuando As Pontes está a punto de perder definitivamente las torres de refrigeración, uno de sus símbolos más reconocibles, el foco vuelve a ponerse sobre un hipotético gran proyecto industrial. Puede que Indra acabe instalándose en el municipio y sería una magnífica noticia para todos. Pero hoy, a escasos días de la voladura, sigue siendo una posibilidad, no una realidad.
Da la impresión de que este tipo de titulares cumplen una función que va más allá de la información: actúan como un analgésico social. Mientras la demolición avanza y la desaparición de la central se convierte en un hecho irreversible, se vuelve a alimentar la esperanza de un futuro que siempre parece estar a la vuelta de la esquina. La atención se desplaza así desde lo que está ocurriendo —la pérdida definitiva de un patrimonio industrial y de un motor económico— hacia lo que quizá ocurra algún día. Mientras tanto la credulidad y la paciencia de los ponteses se encuentran al límite.
Y así, la llamada «transición justa», concebida para preservar el empleo y ofrecer a los jóvenes ponteses la posibilidad de construir su futuro sin tener que marcharse de su tierra, corre el riesgo de ser recordada como un engaño, una estrategia para acabar, sin ningún tipo de oposición, con la prosperidad y futuro de un pueblo.
Demoler, para una «transición justa» o para cualquier otro objetivo, es más fácil que construir. A ver quien se atreve a salir en la foto. Con los escombros de las torres como paisaje de fondo y una gloriosa leyenda conmemorando el valiente acontecimiento. Puro impresionismo.
¿Todo un «cuadro de esperanza» o triste ironía para la historia del pueblo?
Ya estamos otra vez con la misma cantaleta. Vuelven titulares en plan «Space X lanzará misiones a la Luna desde o Campo da Feira» o «La Armada confirma que instalará una base de submarinos en el Lago de As Pontes».
La estrategia de distracción de costumbre.
Nos toman por idiotas. Es indignante. Ya cansan.