Hay tradiciones que trascienden el paso del tiempo porque forman parte de la memoria colectiva de un pueblo. La procesión de la Virgen del Carmen, y muy especialmente la bajada nocturna desde su capilla hasta la iglesia de Santa María, volvió a convertirse este 18 de julio de 2026 en ese instante único en el que As Pontes se reencuentra consigo misma.
No es solo el recorrido de una imagen venerada durante generaciones. Es el abrazo entre vecinos, el regreso de quienes viven lejos y aprovechan estas fechas para volver a casa, el reencuentro con familiares y amigos que, por unas horas, comparten de nuevo las mismas calles y las mismas emociones que vivieron desde muy pequeños.
Acompañada por el inconfundible sonido de las gaitas y favorecida por una agradable noche de verano, la imagen de nuestra patrona recorrió las calles arropadas por cientos de ponteses que, fieles a una tradición profundamente arraigada, caminaron junto a ella con respeto, devoción, pero sobre todo orgullo.
Uno de los momentos más esperados volvió a vivirse en la Plaza del Hospital, donde, como viene siendo tradición desde 1992, resonó la Salve Marinera, un canto cargado de sentimiento que emocionó a los presentes y renovó un vínculo entre la Virgen del Carmen y su pueblo mantenido desde el siglo dieciocho.
El repicar de las campanas y el estallido de los fuegos de artificio acompañaron la entrada de la Virgen en la iglesia parroquial de Santa María, poniendo el broche de oro a una noche inolvidable. Una noche vivida con intensidad por varias generaciones de ponteses, que encontraron una vez más en esta procesión mucho más que un acto religioso: un símbolo de pertenencia, de raíces y de identidad.
Porque hay tradiciones que no solo se conservan, sino que se sienten. Y la procesión de la Virgen del Carmen sigue siendo, año tras año, el reflejo más fiel del alma de As Pontes.

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