La aprobación del convenio entre el Ayuntamiento de As Pontes y la Diputación de La Coruña para la construcción de la nueva residencia de ancianos —en el solar del antiguo Colegio Pardo Bazán— ha levantado más dudas que aplausos entre la población. El acuerdo, validado en el pleno extraordinario del pasado 21 de octubre, prevé que el Ayuntamiento ceda los terrenos y urbanice la zona, mientras que la Diputación se encargará de levantar el edificio y adjudicar su gestión a una empresa privada.
El proyecto, bautizado como Casa As Pontes, promete disponer de 59 plazas repartidas en 41 habitaciones y generar alrededor de 70 empleos. Sin embargo, más allá de las cifras optimistas, el acceso a este centro público dista mucho de ser asequible para la mayoría de las familias pontesas.
Durante el pleno no se detalló el contenido del Estudio Económico-Financiero, pero su consulta revela datos que chocan directamente con las expectativas de un servicio verdaderamente público. En su apartado 5.2 se fijan los precios mensuales por residente: 1.991 euros(1810+IVA) para una plaza en habitación doble y 2.081 euros (1910+IVA) para una en habitación individual. Unos importes que difícilmente pueden asumir la mayoría de los pensionistas del municipio.

El documento va más allá. Señala que estos costes deberán ser abonados íntegramente por cada residente siempre que disponga de recursos. En caso contrario, el sistema previsto es la hipoteca inversa, es decir, el embargo de las propiedades del usuario para cubrir la estancia. Y, si el residente carece de bienes o agota sus recursos, el proyecto establece que su permanencia será solo temporal, hasta ser trasladado a otra residencia de la comunidad con disponibilidad.
En resumen, lo que se presentaba como una conquista social para garantizar un hogar digno a nuestros mayores amenaza -si no se involucra la población y se toman medidas-con convertirse en un servicio inaccesible para muchos y condicionado, además, por la capacidad económica de cada familia. Una residencia pública que, sobre el papel, no parece tan pública cuando sus puertas pueden cerrarse para quienes más la necesitan.
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