«El interés por las casas rústicas se mantuvo desde el año 2014, primero con extranjeros y a partir de la pandemia más con cliente nacional, principalmente de Madrid y del sur, que buscan una primera residencia aquí», dice Julio López, de Nexonorte, de As Pontes, una inmobiliaria que realiza muchas ventas en concellos como Xermade o Muras.

«Seguimos trabajando con extranjeros, pero bajaron, sobre todo franceses e ingleses«, detalla Julio, que como curiosidad cuenta que a nivel internacional desde que ganó Trump hubo un aumento del interés de los estadounidenses y que a nivel nacional está despuntando la demanda de gente de Mallorca, «cansados del precio de la vivienda».

Según él, también cambia el perfil. Y si antes la mayoría de los clientes era gente de más de 50 o 60 años, quizás pensando más en la jubilación, cada vez hay más gente joven y con niños que quieren empezar de cero.

«Lo que más se busca son casas que tienen su terreno pero que aunque sean muy humildes están para entrar a vivir», dice el responsable de Nexonorte, que habla de las «casas que dejaron los abuelos y que ahora se ponen a la venta entre 50.000 euros, en entornos menos agradables, y 100.000 euros».

Las más demandadas: «las casas que dejaron los abuelos», con poca reforma y buenos precios

Son viviendas que no requieren una reforma estructural y que la gente puede ir acondicionando poco a poco sin una gran inversión inicial. «Se venden en primeras visitas y en As Pontes tenemos subastado pisos porque hay más demanda que oferta», dice, al tiempo que señala las ventas más complicadas. «Las casas de mucha reforma y adosadas son casi imposibles de vender con los costes de la rehabilitación».

A la escasez de vivienda, la falta de mano de obra es otra de las dificultades actuales que se convertirá en uno de los grandes retos del sector. «A medio plazo va a ser un problema y va a encarecer mucho más el coste. Ya se dice que los ricos del futuro van a ser los carpinteros, los electricistas y los fontaneros«, asegura un agente inmobiliario que está a favor de las redes —ofrece tours de 360 grados en vídeos en su web— pero aboga por hacer los trámites de forma presencial.

EL PROGRESO