El cura párroco pierde las formas y amenaza a los vecinos.
La polémica de las mesas y sillas de la Plaza del Carmen ha alcanzado ya cotas teológicas difíciles de superar. Cuando parecía que el conflicto urbanístico-religioso discurría por los cauces habituales de escritos, llamadas telefónicas y declaraciones a la prensa, el asunto ha dado un inesperado salto al terreno de la lingüística parroquial.
Según varios vecinos presentes en las inmediaciones de la capilla, el párroco de As Pontes, reverendo don Juan Pablo Alonso Rolle, habría manifestado en tono poco clerical y minutos antes de la misa de la tarde en la capilla del Carmen que, si la controversia continuaba, “va haber hostias”.

La frase, pronunciada además a las puertas del templo provocó cierta confusión entre los presentes. Porque, efectivamente, poco después hubo hostias. Muchas hostias. Repartidas ordenadamente entre los fieles durante la comunión. Lo que ya no quedó tan claro fue si eran exactamente esas las hostias a las que se refería el sacerdote en su intervención previa.
No ayuda a despejar las dudas el clima de creciente tensión que rodea el debate sobre las terrazas de la Plaza del Carmen. Entre llamadas a los medios de comunicación, declaraciones cruzadas y advertencias sobre la posible suspensión de novenas y procesiones, el conflicto amenaza con convertirse en el primer enfrentamiento local donde el mobiliario hostelero aspire a la categoría de asunto doctrinal.
A estas alturas, las humildes mesas y sillas ya han dejado de ser simples elementos de terraza para convertirse en protagonistas involuntarias de una batalla que mezcla urbanismo, tradición, hostelería, patrimonio y sensibilidad religiosa. Unas mesas que seguramente jamás imaginaron que su mera existencia pudiera poner en riesgo el calendario festivo de toda una parroquia.
Mientras tanto, los vecinos -que no saben dónde está el alcalde-observan el espectáculo con una mezcla de sorpresa y resignación. Porque si algo caracteriza a los conflictos ponteses es su capacidad para evolucionar desde un desacuerdo menor hasta una cuestión de Estado… o, en este caso, de Estado Vaticano. Quizás en la visita del Papa pueda encontrarse la solución.
No obstante, la historia demuestra que las plazas están para reunirse, las capillas para rezar y las terrazas para tomar algo. Y si todos comparten el mismo espacio, tal vez la solución no requiera milagros, sino simplemente un poco más de paciencia y bastante menos anuncios de futuras hostias por parte del cura párroco.
Deja tu comentario