El Ayuntamiento de As Pontes ha salido al paso con rotundidad para desmentir una información que desde el pasado fin de semana circulaba en redes sociales y medios digitales, y que apuntaba a que el alcalde y presidente de la Diputación de A Coruña, Valentín González Formoso, habría ofrecido al Gobierno central el uso del Hostal Fornos como centro de acogida para inmigrantes ilegales.

La primera teniente de alcalde, Ana Pena, me ha aclarado personalmente que «no se ha realizado ninguna propuesta «, y ha negado tajantemente que el citado inmueble haya sido ofrecido para tal fin.  La noticia difundida afirmaba que González Formoso había planteado al Ministerio de Inclusión y Migraciones la utilización del Hostal Fornos, un edificio sin actividad desde hace años y con capacidad para unas 40 personas, como posible recurso para atender la creciente presión migratoria en Galicia. El texto incluso atribuía al alcalde frases como «la acogida es una cuestión de valores y humanidad», en un contexto en el que la población local percibe abandono institucional y promesas incumplidas.

 

As Pontes, entre la desconfianza y la frustración

La reacción no se ha hecho esperar y durante el día de ayer en As Pontes no circulaba otra noticia.. El desmentido devuelve al menos momentáneamente la tranquilidad a una población que aún arrastra las secuelas del cierre de su principal motor económico, la central térmica de Endesa, clausurada en nombre de una «Transición Justa» que ni fue necesaria ni ha sido justa. Lejos de traer alternativas reales, esa transición ha dejado a As Pontes con promesas rotas, desempleo y un proyecto de futuro desdibujado.

El sentimiento de abandono se ha intensificado con la idea de convertir el Hostal Fornos en un centro de acogida para inmigrantes irregulares —una iniciativa que, aunque ahora desmentida, ha tocado una fibra sensible en la comunidad. No se trata de xenofobia, insisten muchos vecinos, -aquí hay inmigrantes perfectamente integrados que serían los más perjudicados-sino de prioridades: “¿Dónde están los valores y la humanidad cuando desde 2012 llevamos reclamando una residencia pública para nuestros mayores y hasta junto con el alcalde se había creado en esa fecha una Comisión Gestora para su construcción?  Se empieza a trabajar, ahora doce años después.

Mientras tanto, muchos ancianos del municipio deben ser trasladados a otras localidades, pagar costosas plazas en residencias privadas o permanecer en sus hogares atendidos de forma precaria por familiares que asumen esa carga con esfuerzo y sacrificio.

Una comunidad cansada de promesas ajenas

La polémica pone sobre la mesa una cuestión de fondo: ¿Puede un municipio que ha sido víctima de decisiones impuestas- puramente políticas e irracionales- y que aún no tiene resuelto lo esencial para sus propios vecinos, ser ahora destino improvisado de políticas migratorias decididas desde lejos y sin consulta previa?

La respuesta de As Pontes ha sido clara:

Aquí no hay espacio para más improvisación política ni para más desengaños. Y mucho menos para cargar sobre sus espaldas un nuevo experimento social sin haber dado antes respuesta a las urgencias propias.

Por Aquilino Meizoso Carballo.