Sus ojos se clavan en una fotografía en blanco y negro. Parece una actriz de cine, una belleza de otro tiempo. «Tenía 26 o 27 años», dice orgullosa Hortensia Freire Bouza, mientras sostiene la imagen y una enorme sonrisa va iluminando su rostro surcado por el tiempo. La que tuvo, retuvo, pensarán muchos. Algunos incluso pondrán en duda las 101 primaveras de una de las vecinas más longevas de As Pontes. Y razón para ello no les falta.

Porque el secreto de la eterna juventud de Hortensia, que llegó a coronarse como Miss Galicia de la Tercera Edad en 2003, se esconde en su propia fecha de nacimiento. «Nació el 29 de febrero de 1924. Año bisiesto. Dura tanto porque solo cumple cada cuatro (tendría 25)», dice con retranca su hija, María José Prego, que también señala que su madre sigue soplando velas «porque duerme mucho».

«Ella vive el día a día sin romperse la cabeza. No sufre por nada, vive relajada», añade, sobre otra de las cualidades que destacan en Hortensia, que defiende que sigue sumando «porque me cuidan mucho«. «Los hijos, los nietos…», enumera, mientras María José apunta: «Era la pequeña de siete hermanos y también la mimaron mucho».

Infancia entre pupitres

Cuenta que de cría iba a la feria a ayudar a vender y que durante algún tiempo en su juventud «tallaba las cajas de difuntos» en una funeraria en As Pontes, donde nació, se crió y formó su familia. Fue, además, una de las primeras alumnas del colegio Santa María, que abrió sus puertas en 1929.

«Capital de España, Madrid; capital de Francia, París; Italia, Roma; Rumaría, Bucarest; Grecia, Atenas; Turquía, Constantinopla…», empieza a recitar de carrerilla Hortensia, sobre una lección marcada a fuego entre pupitres en su memoria, que resiste pese al paso del tiempo.

«No tiene ningún problema de salud grave, salvo el deterioro propio de la edad», dice su hija, que anima a su madre a contar cómo conoció a su marido, José Prego, que trabajó para la Calvo Sotelo y luego en Endesa y falleció en 1999.

«Fue en un baile frente a la capilla del Carmen, debajo de un carballo que todavía permanece. Allí nos conocimos», relata con nostalgia la centenaria, mientras explica que con él tuvo dos hijos, Juanjo y María José, a los que sumó cinco nietos: Nahum, Juanjo, Rita, Sara y Josiño. De momento sigue esperando por un bisnieto que no llega.

Pero mimos y cuidados no le faltan de todos ellos. «Vino para mi casa hace unos 20 años (cuando María José no está, pasa temporadas con su hijo y su nuera, que también viven en As Pontes). Después de enviudar estuvo cuidando a una prima en Ferrol y luego se fue con ella para una residencia para que se adaptara. Pero estuvo poco tiempo», explica su hija, que asegura que mantiene una vida relativamente activa para su edad.

Sus gustos

La centenaria pontesa, a la que le encantan los dulces y suele leer la revista Hola (durante muchos años acudía regularmente a Cáritas donde pintaba cuadros), va todos los días al rosario y la misa en la capilla del Carmen, que está a unos 100 metros de donde viven. «Vamos andando, luego la dejo con sus amigas, que la tratan de maravilla, y al acabar la voy a recoger», indica su hija, que aprovecha esos momento libres para ir al gimnasio.

Hace algunas semanas, la propia Hortensia acabó entre máquinas. «Ese día no había misa y no quería dejarla en casa sola. Fue un sábado, no había mucha gente en el gimnasio, pero le hicieron una foto para el recuerdo», cuenta María José, sobre una instantánea de la centenaria en una prensa de pecho que acabó en las redes sociales.

Anécdotas aparte, Hortensia  tampoco falla a su cita con la peluquería. «Siempre fui muy presumida», reconoce, mientras añade que le encantan las joyas. «Cuando nos vamos de viaje siempre me pide que le traiga algo, unos pendientes, un anillo… Y me lo pone difícil, no le vale cualquier cosa…», cuenta entre risas María José, que intercambia una mirada cómplice con su madre y juntas rememoran «uno de los días más felices de su vida».

Una miss feliz

HORTENSIA FREIRE BOUZA MISS GALICIA
Hortensia con su banda de Miss Galicia. EP

«Le hablaron de que en Melide había un certamen de belleza para la tercera edad y se presentó», cuenta su hija, y Hortensia recrea el momento: «Teníamos que estar sentadas, luego nos hacían preguntas y tuvimos que caminar por la pasarela», dice la miss pontesa, que recibió «una banda y una corona» (que todavía está guardada en algún cajón) después de conquistar al jurado. «Lo vivió como si le hubiese tocado la lotería», confirma María José.

Pero no todo han sido alegrías en estos 101 años. Las pérdidas, sobre todo de una de sus mejores amigas, Pilita de Blanco, con la que compartía tardes de tertulia, han causado disgusto en Hortensia. Una mujer que será recordada por su longevidad, pero también por su sonrisa eterna.