La Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo se ha plantado formalmente ante el Gobierno de España, exigiendo que se revierta el plan de cierre de la Central Nuclear de Almaraz (Cáceres). La institución europea advierte que desmantelar esta infraestructura pone en serio riesgo la estabilidad de la red eléctrica y la soberanía energética del sur de Europa, un aviso que resuena con especial fuerza al mirar hacia el norte, a la localidad coruñesa de As Pontes.
El fantasma de As Pontes sobre el Tajo
El caso de Almaraz guarda paralelismos inquietantes con lo sucedido en la central térmica de As Pontes (A Coruña). Mientras que en Galicia el cierre de la mayor central de carbón de España se ejecutó bajo la promesa de una «Transición Justa», la realidad ha dejado un vacío industrial y un impacto socioeconómico que aún no ha sido compensado por las energías renovables prometidas.
La comparativa entre ambos escenarios revela tres puntos clave:
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Pérdida de Potencia Firme: Al igual que ocurrió en As Pontes, el cierre de Almaraz eliminaría una fuente de energía masiva que no depende de la meteorología (viento o sol). Europa teme que España repita el error gallego de desmantelar capacidad de generación estable antes de que el almacenamiento de energía sea una realidad técnica y económica.
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El Impacto Local: Si el cierre de As Pontes supuso un golpe crítico para la comarca de Ferrolterra, Almaraz representa el motor económico de la provincia de Cáceres. Bruselas subraya que no se puede «marginar a las comunidades locales» en nombre de una transición que, en la práctica, está destruyendo tejido industrial consolidado.
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Dependencia del Gas: El cierre de la térmica gallega obligó a España a depender más de los ciclos combinados (gas). Europa advierte que prescindir de la nuclear de Almaraz —energía libre de $CO_2$— obligaría a quemar más gas, lo cual es un contrasentido climático y un error estratégico en el actual contexto geopolítico.
Un ultimátum desde Bruselas
A diferencia de lo que ocurrió con las térmicas, donde la normativa europea de emisiones empujó el cierre, con la nuclear el viento sopla en dirección contraria. La Unión Europea ha clasificado la energía nuclear como «verde» dentro de su taxonomía, lo que otorga a Almaraz un escudo argumental que As Pontes no tuvo.
El Parlamento Europeo insta ahora a las autoridades españolas a aplicar la legislación ambiental de forma que proteja la biodiversidad sin condenar a las poblaciones locales. Mientras que en As Pontes el desmantelamiento ya es una realidad física, en Almaraz el «reloj corre» hacia el otoño de 2026, fecha límite técnica para evitar que el proceso de desconexión sea irreversible.
En resumen: Europa pide aprender de los «claroscuros» de la transición en Galicia. El mensaje es nítido: no se debe apagar la luz de Almaraz hasta que existan garantías reales de que Extremadura no se convertirá en un nuevo desierto industrial, víctima de una precipitación que ya pasó factura en las tierras gallegas.
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