As Pontes vivirá el próximo 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen y jornada más emblemática para miles de vecinos, una nueva afrenta a su memoria colectiva. Ese día, y muy probablemente a las diez de la noche, coincidiendo con el horario habitual de la procesión de la patrona, la empresa MaxamCorp Industrial S.L., especializada en demoliciones con explosivos y contratada por Lezama, procederá a la demolición simultánea de las cuatro torres de refrigeración de la antigua Central Térmica de Endesa.

Los trabajos preparatorios ya están en marcha y todo apunta a que el acto contará con la presencia de directivos de ENEL, acompañados, según diversas informaciones, por representantes institucionales entre los que podrían encontrarse el conselleiro de Cultura y el alcalde de As Pontes, Valentín González Formoso. Para la ocasión se habría habilitado una carpa en la zona de A Balsa donde los asistentes compartirán después de los aplausos un vino español junto a miembros de la corporación municipal. Al parecer, consideran que hay motivos para celebrar.

La elección de la fecha no puede interpretarse como una casualidad. Tras el fracaso del intento de demolición de la Chimenea y después del derribo del Parque de Carbones, ENEL vuelve a dejar clara su determinación de borrar hasta el último vestigio del patrimonio industrial de As Pontes y su control de las instituciones. Y lo hace precisamente en el día de mayor carga simbólica para la localidad, enviando un mensaje inequívoco: la voluntad de la multinacional se impone sobre la memoria de un pueblo y sobre cualquier proyecto alternativo de conservación.

Resulta especialmente doloroso comprobar cómo aquello que en otros lugares se protege y se reutiliza aquí se condena a la desaparición. Mientras ENEL ha promovido en Italia la recuperación de antiguas torres de refrigeración transformándolas en espacios culturales y auditorios, en As Pontes la única propuesta que parece merecer respaldo es la de la voladura y la destrucción.

La demolición de las torres el día del Carmen constituye mucho más que una operación técnica. Es un gesto cargado de significado. Una demostración de fuerza de una multinacional que, después de décadas obteniendo beneficios gracias al trabajo y al sacrificio de este territorio, parece empeñada en dejar tras de sí únicamente vacío y escombros.

Con la colaboración activa de la Xunta y el Ayuntamiento y la pasividad de la población.