El párroco de As Pontes ha decidido dar un paso más en su enfrentamiento con el empresario titular de la terraza situada junto a la iglesia. Lejos de apostar por el diálogo o por una solución consensuada que permita compatibilizar los distintos intereses en juego, el sacerdote ha optado por incrementar la presión y lanzar una advertencia de enorme trascendencia para la vida social y religiosa de la villa: la novena y la tradicional procesión del Carmen podrían no celebrarse si no se atienden sus exigencias respecto a la retirada de la terraza. Según palabras del párroco que publica un diario hoy :

“Advierte de que su continuidad pone en riesgo «la novena y la procesión [del Carmen, a partir de mediados de julio], con más de tres siglos de antigüedad”.

La amenaza no deja lugar a dudas. Después de meses de conflicto y pese a los intentos realizados por el empresario para contactar con el sacerdote y estudiar fórmulas que permitieran reubicar o adaptar la instalación de la manera menos perjudicial posible, la respuesta ha sido un endurecimiento de la postura mantenida hasta ahora.

Juan Pablo Alonso Rolle insiste en que el Concello debe actuar contra la actividad y recuerda las acciones judiciales emprendidas. Sin embargo, lo más llamativo de sus declaraciones no es la defensa de sus argumentos jurídicos o administrativos, sino la utilización de unas celebraciones con más de tres siglos de historia como instrumento de presión dentro de una disputa que debería resolverse por la conciliación y el dialogo entre vecinos y mas siendo un sacerdote el protagonista.

Resulta difícil comprender que actos que pertenecen al patrimonio cultural, religioso y sentimental de generaciones de ponteses puedan quedar supeditados a la voluntad de una sola persona. La novena y la procesión forman parte de la identidad colectiva de As Pontes y no deberían convertirse en moneda de cambio ni en herramienta para forzar una determinada decisión política o administrativa.

Mientras tanto, la posición del Concello genera cada vez más incertidumbre. Si hace apenas dos semanas el alcalde transmitía al empresario que su situación era legal y que no tenía motivos para preocuparse, ahora diversas fuentes municipales solvente apuntan a que habría ordenado a la secretaria que buscase una fórmula para satisfacer -cuando menos parcialmente- las pretensiones del párroco mediante la elaboración de un nuevo informe.

Lo ocurrido plantea varias cuestiones de fondo: la primera es si las instituciones deben actuar conforme a criterios estrictamente legales y de interés general o si acabarán cediendo ante una estrategia basada en la presión pública y en la amenaza de privar a los vecinos de unas celebraciones que llevan más de trescientos años formando parte de la historia de As Pontes. Y la segunda es, como en el caso del cierre de Endesa y la destrucción de nuestro patrimonio, cual es el papel real en este caso del alcalde de As Pontes. Una autentica incógnita.