La decisión adoptada este viernes por el Gobierno de España de prolongar el funcionamiento de la central nuclear de Almaraz hasta el 8 de junio de 2030 deja una comparación inevitable para As Pontes. Dos territorios cuya economía ha estado durante décadas estrechamente vinculada a una gran instalación energética han afrontado de manera muy diferente la amenaza de cierre. Y, por ahora, también han obtenido resultados muy diferentes.
Almaraz decidió luchar. As Pontes confió desde el primer momento en que la denominada transición justa sustituiría la actividad y el empleo que desaparecerían con el cierre de la central térmica.
Hoy sabemos cuál de las dos estrategias ha conseguido mantener abierta su gran industria.
Almaraz: «no se cierra»

El Gobierno ha autorizado que los dos reactores de Almaraz continúen funcionando hasta junio de 2030, aplazando el cierre que debía comenzar en noviembre de 2027. La decisión llega después del informe favorable del Consejo de Seguridad Nuclear y de la petición formulada por las empresas propietarias de la instalación.
Pero detrás de la prórroga existe también algo que en As Pontes debería resultar especialmente llamativo: años de presión social, institucional y política para impedir el cierre.
En enero de 2025, alrededor de 7.000 personas, según la Guardia Civil, salieron a la calle en Almaraz bajo una consigna que dejaba poco margen para las interpretaciones: «no se cierra». La manifestación había sido convocada por ayuntamientos de la zona de influencia y por la plataforma ciudadana Sí a Almaraz, Sí al futuro. Y allí estuvieron representantes del PP, PSOE y Vox.
Es probablemente una de las mayores diferencias con lo sucedido en As Pontes.
En Almaraz, cuando estaba en juego la supervivencia económica de una comarca, una parte importante de sus representantes políticos fue capaz de defender la continuidad de la central incluso cuando eso significaba enfrentarse a la posición mantenida por sus propios partidos a nivel nacional.
El ejemplo más significativo llegó desde el propio PSOE. Alcaldes y dirigentes socialistas de la comarca llegaron a dirigir una carta abierta a Pedro Sánchez advirtiendo de las consecuencias del cierre. En ella reconocían el malestar existente entre militantes, trabajadores y familias y algunos llegaron a plantearse su propia continuidad como militantes, alcaldes o candidatos si la central cerraba sin una alternativa real.
En Almaraz, por tanto, la defensa de la industria terminó situándose por encima de las siglas.
Y finalmente han conseguido su objetivo: la central no cerrará en 2027.
As Pontes eligió otro camino

En As Pontes ocurrió prácticamente lo contrario.
Cuando Endesa solicitó el cierre de la central térmica, las administraciones aceptaron que el futuro debía pasar por una transición justa que sustituiría la actividad industrial perdida por nuevos proyectos, inversiones y empleo.
No se trataba únicamente de una expresión política. El propio Instituto para la Transición Justa recuerda que el acuerdo firmado en 2020 para las centrales térmicas en cierre tenía como objetivo principal mantener el empleo y dinamizar económica e industrialmente los territorios afectados.
En noviembre de 2021, además, Ministerio, Xunta y Federación Española de Municipios y Provincias establecieron un marco específico de colaboración para impulsar un futuro económico y laboral para la zona de transición justa de As Pontes.
Las promesas fueron enormes.
En 2022, Endesa llegó a anunciar para As Pontes y Galicia un plan de 2.682 millones de euros y 1.361 empleos, con nuevos proyectos industriales, energías renovables, formación y aprovechamiento de las instalaciones existentes.
La central cerró.
Después comenzó su desmantelamiento.
Y mientras muchas de aquellas expectativas industriales no se materializaban en los términos y plazos que la sociedad pontesa esperaba, las instalaciones que durante décadas convirtieron As Pontes en uno de los grandes centros energéticos de España comenzaron a desaparecer.
Hasta para demoler hubo facilidades
Existe además un episodio especialmente simbólico.
La documentación publicada por Amigos de As Pontes sobre la tramitación municipal de la licencia de demolición de las instalaciones de Endesa muestra la extraordinaria rapidez con la que avanzó aquel expediente.
La solicitud fue presentada el 28 de agosto de 2020 y el informe del arquitecto municipal, favorable y de siete páginas, fue emitido apenas seis días después, el 3 de septiembre. El informe municipal relativo a las mismas obras, de 115 páginas, se emitió el 8 de septiembre, cinco días más tarde.
Es decir, mientras la llegada de proyectos capaces de sustituir el enorme impacto económico de la central se convertiría en una espera de años, los trámites municipales necesarios para facilitar su demolición avanzaron en cuestión de días.
Ese contraste adquiere hoy todavía mayor significado.
Porque mientras en Almaraz ayuntamientos, ciudadanos y representantes de diferentes partidos presionaban para conservar su principal industria, en As Pontes las administraciones no solo asumieron el cierre dentro del proceso de transición energética, sino que el propio Concello tramitó con enorme rapidez informes favorables vinculados a la demolición. Quién quiera entender que entienda…
Dos maneras de defender un territorio
La comparación no significa que una central térmica de carbón y una nuclear sean técnica o medioambientalmente equivalentes. No lo son. Tampoco significa que las circunstancias regulatorias, económicas y energéticas de ambos cierres sean idénticas.
Pero existe una comparación política y territorial que resulta difícil ignorar.
¿Por qué se cerró la central de As Pontes si «su longevidad activa estaba prevista pasado el año 2030»? ¿Por qué si las pruebas con los biocombustibles fueron satisfactorias se siguió con la idea del cierre? ¿Una vez cerrada…por qué ese afán de hacer desaparecer cuanto antes hasta el último resto incluido la chimenea?
Almaraz se negó a aceptar que el cierre fuese inevitable.
Sus vecinos se manifestaron. Sus alcaldes presionaron. Representantes del PP, PSOE y Vox coincidieron en la calle. Dirigentes socialistas llegaron a enfrentarse públicamente a la política energética de un Gobierno presidido por su propio partido.
As Pontes, por el contrario, depositó buena parte de su futuro en una promesa: cerrar primero y confiar después en que la transición justa conseguiría sustituir la industria perdida.
Y el tiempo ha demostrado el enorme riesgo de aquella apuesta.
Almaraz gana tiempo; As Pontes perdió su central
Almaraz no ha conseguido garantizar su central para siempre. La autorización llega hasta junio de 2030 y el Gobierno mantiene, por ahora, el calendario general de cierre nuclear español. Pero esos años adicionales significan más actividad económica, más empleo, más tiempo para buscar alternativas y, sobre todo, mantener funcionando la principal industria de la comarca mientras esas alternativas se preparan.
As Pontes hizo justamente lo contrario: aceptó perder primero su principal industria esperando que las alternativas llegasen después.
Y ahí está probablemente la gran lección que deja hoy Almaraz.
Una transición solo puede calificarse de justa cuando la nueva actividad económica llega antes o, al menos, al mismo tiempo que desaparece la anterior. Cuando primero se destruye el tejido industrial y después se espera durante años a que aparezca aquello que debía sustituirlo, resulta legítimo preguntarse dónde estuvo la justicia de aquella transición.
Almaraz peleó para conservar lo que tenía mientras buscaba su futuro.
As Pontes entregó lo que tenía confiando en el futuro que le prometieron.
Hoy Almaraz conserva su central hasta 2030.
En As Pontes, la central está cerrada, el desmantelamiento avanza y buena parte de las grandes expectativas industriales anunciadas durante estos años siguen sin haber sustituido lo que significó durante décadas la térmica para el municipio.
La diferencia no está únicamente en la energía nuclear o en el carbón.
La diferencia también está en haber luchado por conservar una industria antes de permitir que desapareciese.

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