Desde sus 356 metros de altura, la chimenea de As Pontes es testigo mudo de una realidad de dos velocidades: mientras la piqueta avanza implacable sobre el gigante energético, los proyectos industriales llamados a salvar la economía de la comarca no pasan de ser meros anuncios sobre el papel. Con las obras de demolición alcanzando ya el 26%, el vacío que deja la central térmica amenaza con no llenarse a tiempo.
Escombros reales, inversiones fantasma La cuenta atrás de la térmica es ya una realidad física. Más de 150 operarios de la firma vasca Lezama trabajan para que en 2028 no quede rastro de la planta, en una actuación que cuesta 55 millones de euros. Sin embargo, la celeridad con la que desaparece el patrimonio industrial contrasta con la parálisis de los «proyectos tractores».
El ejemplo más sangrante es el de la planta de hidrógeno verde de Endesa. Aunque en su día se anunció a bombo y platillo que las obras se iniciarían en 2023 vinculadas a seis parques eólicos, la realidad a finales de 2025 es que no se ha movido una sola piedra. Aquella promesa de soberanía energética y empleo verde sigue atrapada en despachos y trámites, mientras el terreno se libera sin que haya una primera piedra que celebrar.
Muchos anuncios, pocas realidades La desaparición de la central liberará 50 hectáreas que, según el propio sector, «han tenido muchas novias pero casi ninguna proposición formal». Ni el hidrógeno verde llegó en 2023, ni el resto de grandes complejos industriales han logrado concretarse en realidades tangibles para los vecinos de As Pontes.
Incluso el proyecto de Ence para producir fibra reciclada, el más avanzado hasta la fecha, acaba de completar ahora su tramitación ambiental. Pese a la inversión estimada de 125 millones, los 400 empleos prometidos siguen siendo una cifra en un documento de agosto, mientras que el desmantelamiento de la central es la única actividad industrial que hoy genera movimiento económico en la zona.
El consuelo del patrimonio ante la falta de industria Ante la incertidumbre de los grandes proyectos, el Concello y Endesa se centran en lo que sí pueden controlar: el pasado. Se invierten 1,5 millones en convertir el viejo economato en laboratorio y otros 1,5 millones en el parque de la memoria Toxo Verde.
Restaurar una antigua rotopala y pelear por que la chimenea sea declarada BIC son gestos necesarios para la identidad local, pero corren el riesgo de convertirse en el monumento a una oportunidad perdida. Si las promesas como la del hidrógeno de 2023 siguen incumplidas, As Pontes corre el peligro de quedar como un impecable museo del patrimonio industrial rodeado de 50 hectáreas de solares vacíos.
FUENTE: EL PROGRESO
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