«A veces hay cosas que no hacen ruido, pero lo cambian todo». Con esta frase, Diego Rodríguez Crespo (As Pontes, 1986) resume el mensaje que se esconde detrás de Lo que aprendí del silencio, un libro en el que ha trabajado durante nueve años y en el que habla de aspectos personales de su vida, inseguridades, errores y aprendizajes.

«La historia surgió hace muchos años, casi sin darme cuenta», explica Diego, que reconoce que siempre había escrito reflexiones, anécdotas y experiencias relacionadas con la discapacidad invisible con la que le tocó convivir desde niño.

Principales obstáculos

«Escucho sonidos, pero mi principal dificultad está en entender las palabras. Las oigo, pero muchas veces no consigo comprenderlas correctamente», cuenta, y describe situaciones que se repiten en su día a día: conversaciones que se pierden, reuniones en las que cuesta seguir el ritmo, malentendidos o momentos sociales en los que tiene que esforzarse más que el resto para estar presente.

«Durante años intenté que nadie lo notara. Con el tiempo comprendí que esconderlo no ayudaba a nadie, ni siquiera a mí mismo», señala. Ese fue el punto de inflexión, cuando entendió que su historia ya no le pertenecía solo a él.

«Si mi experiencia podía ayudar a alguien a sentirse comprendido o a mirar a los demás con más empatía, merecía la pena compartirla», afirma, defendiendo la importancia de «detenerse y pensar que quizá la persona que tienes delante está librando una batalla que tú no puedes ver».

Dificultades y adaptación

Para Diego, el mayor reto ha sido «el desgaste invisible«. «En el colegio había explicaciones que me costaba seguir. En situaciones sociales a veces me perdía conversaciones enteras. Y en el ámbito laboral aprendí a desarrollar estrategias para compensar esas dificultades», explica, aunque reconoce que también ha tenido la suerte de encontrarse en el camino con personas que le han ayudado.

Por eso, su libro no solo habla de dificultades, sino también de «apoyo, adaptación y oportunidades«. «Mi familia ha sido fundamental en los momentos más difíciles. También mis amigos, el deporte y el sentido del humor», argumenta el pontés, que defiende esta última como una herramienta fundamental en su vida.

«Cuando aprendes a reírte de algunas situaciones, muchas veces dejan de tener tanto poder sobre ti», señala, y reconoce que «somos más vulnerables de lo que mostramos» a los demás.

«Durante años pensé que hablar de ciertas experiencias era una forma de exponerme demasiado. Sin embargo, al escribirlas descubrí que precisamente ahí estaba el valor de la historia», reflexiona, avanzando hacia los objetivos que persigue su obra.

Propósito del libro

«No escribí el libro para hablar de mí. Lo escribí para invitar a reflexionar sobre cómo tratamos a las personas que nos rodean y sobre el impacto que pueden tener nuestros pequeños gestos en la vida de los demás», afirma, mientras reconoce que hoy existe «mucha más sensibilidad y más tecnología«, pero que todavía queda «camino por recorrer».

«A veces la barrera no es tecnológica, sino simplemente de conocimiento. Muchas personas no saben cómo interactuar con alguien que tiene una discapacidad auditiva porque nunca se han parado a pensar en ello. La inclusión empieza por algo tan sencillo como asegurarse de que la otra persona ha entendido lo que le estás diciendo», añade.

El pontés detalla además que se trata de una autoedición, ya que buscaba «mantener un control muy personal sobre el contenido, el diseño y la forma de presentar la historia». El libro está disponible en loqueaprendidelsilencio.com y su intención es que también pueda llegar a librerías.

Incluye además dibujos, fotografías y textos manuscritos que ayudan al lector «a entrar de una forma más íntima en la historia». «El libro lleva mi nombre en la portada, pero detrás hay personas que han aportado su tiempo y su talento», reconoce.

EL PROGRESO