Desde el siglo XIV, cuando Enrique II concedió el municipio de Pontes de Ume a García Rodríguez de Valcárcel, el nombre y el señor feudal permanecieron unidos. Hoy, aunque se usa cada vez menos, la toponimia oficial sigue siendo la misma

Era la Edad Media. Tiempo de señores feudales. Y vasallos. De castillos. Y batallas. De caballeros. Y gente sometida. Un tiempo en el que los señoríos se regalaban a cambio de apoyos o favores. Y así ganó As Pontes sus apellidos, en una donación hecha en el siglo XIV, que hizo de la villa y de su señor, García Rodríguez, un topónimo oficial e indisociable que llegó a la actualidad. Pero, ¿quién fue el dueño de Puentes de Ume (así en plural, como se conocía la villa para distinguirla de la del único puente en el mismo río, hoy Pontedeume)? ¿Y qué se sabe de su historia?

García Rodríguez de Valcárcel fue un noble que apoyó al rey Enrique de Trastámara en la guerra que este mantuvo contra Pedro I de Castilla, ‘El Cruel’. Hijo de Juan Freire de Andrade y Constancia García de Valcárcel, venía de familias con poder, unidos a tierras, señoríos, monasterios y castillos. En el de Moeche actualmente aún se puede ver su escudo de armas.

Su abuelo paterno era Nuno Freire de Andrade, hermano del primer señor de Pontedeume, Fernán Pérez de Andrade. El materno, con el que compartía nombre, fue ‘meiriño’, una especie de juez de la época, Adelantado Mayor del Reino de Galicia, un representante del rey que concentraba poderes, y Caballero del Orden de Santiago.

No se conoce la fecha de cuando nació. Solo que su nana se llamaba doña María y vivía en Lugo, donde posiblemente él se crio. Pero hay una fecha que sí pasó la historia, en la que se convirtió en dueño y señor de As Pontes.

El 30 de septiembre de 1371, el rey, en reconocimiento a su lealtad y servicios prestados (García Rodríguez luchó junto a Enrique II en la batalla del Nájera), le concedió el señorío de la villa de As Pontes: un lugar tranquilo, aunque un eje de comunicaciones, con el paso del Camino Real hacia Castilla o el de los Arrieiros rumbo a la costa, con hospital de peregrinos intramuros (se conserva la construcción en el casco antiguo) y otro fuera, en la plaza en la que hoy solo queda su nombre para el recuerdo.

Aunque no fue hasta 1372 cuando el conde Pedro Enríquez de Trastámara, el señor de As Pontes en aquel tiempo, reconoció el traspaso de poder, como demuestra un documento descubierto por Rafael Usero, que fue publicado después por Fernando Urgorrio Casado en el Boletín del Seminario de Estudios Mariñanos.

Un topónimo con más de ocho siglos de historia

Foto antigua de la Praza do Hospital. VILA

«Como se ve, que hoy vivamos en As Pontes de García Rodríguez y no en As Pontes de Pedro Enríquez, solo se debe a las contingencias de la historia y a la voluntad de los poderosos», explicaba el historiador pontés César Candelas, que publicó varios trabajos sobre As Pontes en la Edad Media.

Y por tradición o casualidad, pese a que García Rodríguez fue durante algo menos de 40 años el señor, villa y noble caminaron juntos, por lo menos en la toponimia.

García Rodríguez, casado con Inés Fernández de Tamar, tuvo tres hijos, un único varón que no tuvo descendencia, Pedro, y dos mujeres: Constanza, de la que saldrá la Casa Lemos, y Leonor. Pero el apellido, aunque se perdió en su estirpe directa, se mantuvo entre familiares más lejanos.

«Durante pouco tempo tivo todo o poder sobre a comarca das Pontes e os seus estados, controlados polos escudeiros ou cabaleiros que nomeara como alcaides da fortaleza das Pontes, onde se cobraban os tributos, se exercía a xustiza e se custodiaba toda a documentación relativa á administración dese territorio; para o que nomeaba escribáns», explicaba hace un tiempo Carlos Breixo, cronista oficial de Ortigueira, que publicó varios artículos sobre García Rodríguez, del que, asegura, «non temos constancia de que chegara a vivir nas Pontes».

A la muerte del señor los apellidos se mantienen

A la muerte del señor, alrededor del año 1410, sus propiedades se reparten, incluido As Pontes, que pasó por las manos de varios dueños, entre ellos los Condes de Lemos, hasta que con el fin del Antiguo Régimen desaparecen los feudos. En 1835, ya se había aprobado en 1812 la primera Constitución, se crean los Partidos Judiciales.

«A ningún dos temporais señores da terra que o sucederon neste señorío se lle ocorreu cambiar a denominación da vila, cousa que, seguramente, puideron facer. A razón foi, posiblemente, o peso do recordo que deixou na historia García Rodríguez de Valcarcel, quen axudou notablemente ao rei Enrique na súa loita pola coroa en contra do seu irmán», explica Breixo, que defiende la importancia de usar el topónimo que une el territorio con la historia para no perder un pasado que forma parte de la evolución del concello.

Concello de As Pontes

García Rodríguez y As Pontes suman casi ocho siglos de la mano, pero la realidad es que, pese a que la oficialidad mantiene al noble en el nombre, cada vez son menos los que lo utilizan, incluso desde el Ayuntamiento en los actos institucionales.

¿El futuro?

«Por agilidad tendemos a abreviar y creo que tenemos que intentar corregir la infrautilización del término. Es verdad que no se utiliza siempre, y que quizás lo usan más los que se refieren a nosotros que son de fuera que nosotros mismos. Pero perder, nunca se va a perder. Es el topónimo oficial», expresaba el regidor pontés, Valentín González Formoso.

EL PROGRESO – Cristina Arias