El presente artículo está inspirado en dos noticias. La primera de ellas es el inminente derribo de las cuatro torres de refrigeración de la antigua central térmica de As Pontes. La segunda fueron unas declaraciones del presidente de Endesa, Sr. D. José Bogas, en febrero de 2026 que hablaba de As Pontes como un buen lugar para instalar un Centro de Datos.
A mi juicio, ésta última me parece una idea magnífica. Así pues, he decidido recoger el guante lanzado por el Sr. Bogas y lanzarle de vuelta una propuesta: utilizar las antiguas torres de refrigeración de la central térmica para albergar dicho centro de datos.
A primera vista, podría parecer una idea extravagante reutilizarlas para albergar los equipos servidores (racks) con los que cuentan los centros de datos. Los servidores requieren entornos extremadamente controlados en términos de humedad, vibraciones, compartimentación y seguridad. No obstante, a mi juicio, las torres cuentan con una serie de elementos que juegan a su favor.
Las torres de refrigeración fueron diseñadas para disipar calor y mover grandes masas de aire mediante convección. Y precisamente el principal problema técnico de la inteligencia artificial y los centros de datos es la enorme cantidad de calor generado por la computación masiva. La refrigeración de estos equipos consume grandes cantidades de energía. Y aquí podría estar la gran ventaja competitiva de las torres: reducir en gran medida la factura energética sustituyendo una gran parte de la refrigeración industrial forzada por enfriamiento por tiro natural.
La transformación de cada torre sería la siguiente: La base de las torres alojarían los transformadores, cuadros eléctricos, equipos de deshumidificación, ventilación y enfriamiento (de apoyo) que fueran necesarios. A continuación, se requeriría levantar una estructura en su interior, con núcleo central portante y forjados radiales en anillos, independiente de la pared externa, donde pudiesen alojarse los servidores en sucesivos niveles dispuestos en círculos concéntricos. Finalmente, la parte superior de las torres tendría una cubierta para proteger el interior de la lluvia y los elementos, pero contaría con unas compuertas móviles que permitirían la evacuación del aire caliente, procedente de los servidores, favoreciendo la circulación natural del interior: absorbiendo aire frío por su base y expulsando aire caliente por su cima.
Una ventaja añadida es la situación geográfica de las torres. El clima atlántico de As Pontes, con temperaturas suaves y estables todo el año, sin grandes olas de calor, ayudaría a mantener frescos los equipos gran parte del año. De hecho, durante los meses más fríos, es posible que entre el 80% y el 100% de la refrigeración se pudiera obtener por convección. El único problema sería el control de la humedad, pero ese problema también existiría si se instalara el centro de datos en un edificio convencional. El coste de reconversión de las torres no sería muy diferente del coste de construcción de un centro de datos típico, con la desventaja de que este último no contaría con la opción de la refrigeración por tiro natural. Además, la ubicación en As Pontes tiene otras ventajas adicionales, ya que existe gran cantidad de agua disponible y una infraestructura energética que incluye una central de generación de ciclo combinado y una subestación eléctrica de 400kw justo al lado.
En cuanto a la capacidad interna, cada torre tiene aproximadamente 90 metros de diámetro en su base, 60 en su coronación y 100 metros de altura, lo que nos da un volumen aproximado (tirando por lo bajo) de 250.000 metros cúbicos. Teniendo en cuenta el gran volumen de cada torre y descontando el espacio necesario para pasillos, ascensores, escaleras, equipos contra incendios, etc, nos dejaría un volumen aprovechable de entre el 60% y el 70%. En su interior se podrían alojar holgadamente entre unos 9.000 y 12.000 equipos servidores por torre, con lo que nos pondríamos a nivel de los mayores centros de datos del mundo. Empresas como Amazon Web Services, Microsoft o Google se mueven a niveles de 5.000 a 15.000 servidores por cada edificio.
No menos importante es su dimensión simbólica. En un entorno donde las grandes empresas tecnológicas buscan asociar su imagen a conceptos como sostenibilidad, reutilización industrial y transición energética, pocas narrativas resultarían tan poderosas como esta: transformar una de las mayores centrales de carbón de España en un campus europeo de alta computación e inteligencia artificial.
Lejos de representar únicamente el pasado industrial, las cuatro torres podrían convertirse en un símbolo arquitectónico de la transición energética europea. Derribarlas supondría perder para siempre no sólo una oportunidad única e irrepetible, sino también unas infraestructuras singulares y, sobre todo, una identidad visual icónica. Un error que ya hemos cometido con la pérdida del Parque de Carbones de la central y que bajo ninguna circunstancia debemos permitir que vuelva a suceder.
Por Marco Chacón Ramos
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