Asistí el pasado martes 16 a una reunión celebrada en el Lar y promovida por la asociación de empresarios local COHEMPO, en la que el alcalde, Valentín González Formoso, acompañado por la primera teniente de alcalde, Ana Pena, iba a explicar la situación económica del municipio y el estado de las diversas iniciativas empresariales que, desde hace años, vienen sucesivamente anunciándose -y también frustrándose- en As Pontes tras el cierre de la central térmica.
Mi asistencia al acto fue un tanto forzada. No soy socio de la entidad y acudí motivado por la situación en la que se encuentra el hostelero de La Capilla, José Francisco Saiz, gerente de Insua Integral SLU. Éste había solicitado formalmente en dos ocasiones una reunión con el alcalde para conocer su posición respecto al conflicto generado por el párroco con las sillas en la Plaza del Carmen, sin haber obtenido respuesta alguna. Iba pues a echarle una mano para que Valentin diese la cara y se dejase de caralladas.
Decidimos, por tanto, acudir e intentar forzar de ese modo el encuentro.
Todos dispuestos a escuchar.
En uno de los locales del Lar —la antigua bolera— se reunían a las ocho y media de la tarde unas cuarenta personas, en su mayoría pequeños comerciantes de la villa, con un aire resignado, sumiso y clientelar, sin el menor atisbo de contestación. Al entrar nos encontramos con Ana Pena, muy sonriente y cordial, aunque visiblemente incómoda en un ambiente entregado, pero que no se veía precisamente satisfecho.
La preocupación de Valentín era, sin embargo, evidente. Mi presencia junto al hostelero «sin escrúpulos», como el cura lo había calificado, estoy seguro de que no era ajena a su estado de ánimo. No tenía claro cuál podía ser nuestra actuación, aunque sabe perfectamente que no me gusta montar espectáculos con mis vecinos ni perder las buenas formas, y mucho menos asistiendo a un acto como invitado.
Comenzó el alcalde la intervención de una manera poco favorable a su carácter: actuando como conferenciante, apoyado en un proyector y comentando gráficos estadísticos. Lo suyo es más el aire coloquial aparentemente desenfadado y poco técnico. En este caso se centró en los datos del paro actual en el municipio y, efectivamente, los manejó de una forma demasiado elemental y con escaso rigor.
As Pontes un lugar próspero.
Nos decía Valentín que podíamos sentirnos satisfechos porque en As Pontes existe menos de un 3 % de paro registrado, apenas trescientos desempleados inscritos, una cifra porcentual inferior a la de prácticamente todos los municipios de la comarca , incluidos Narón y Ferrol, e incluso menor que la de Villalba. Éramos los mejores.
Pero las cosas no son exactamente así.
A principios de los años noventa, durante el gobierno de Amigos de As Pontes, los desempleados constituían un colectivo social muy activo políticamente y mantenían frecuentes contactos con el gobierno municipal para que incorporara sus demandas a los múltiples acuerdos suscritos con Endesa. De mi actividad política siempre he procurado conservar toda la documentación posible, y así lo hice también con aquellas reuniones —cinco en ocho años— para que quedara constancia de lo acordado.
Y si bien los datos expuestos por Valentin son ciertos no tienen, aunque lo parezca, nada de positivo por sí mismos. Pues además de que la realidad percibida por los vecinos —incluidos muchos de los presentes en la reunión— es muy distinta, tampoco pueden extraerse de ellos las conclusiones que pretende el alcalde.
Conservo las actas de las reuniones con los desempleados en 1993 y 1994. En un municipio que entonces vivía una intensa actividad industrial, había en 1993 un total de 452 parados inscritos, equivalentes al 9 % de la población activa censada. Al año siguiente eran 377, el 8 %. Sobre el papel había más desempleo que hoy, pero es obvio que también existía mucho más trabajo y las remuneraciones eran considerablemente mejores. En definitiva, la población vivía mucho mejor. Y aunque tampoco entonces estábamos contentos teníamos bastantes más razones para estarlo que hoy.
La razón es sencilla. Cuando existe demanda de mano de obra, hay siempre más personas que se inscriben en las oficinas de empleo. Por el contrario, cuando no hay expectativas laborales, como sucede hoy en As Pontes, muchos ni siquiera se apuntan. Nadie en su sano juicio puede hablar de éxito porque existan pocos inscritos en la oficina de empleo cuando los jóvenes mejor formados y cualificados, hijos de quienes nacieron y trabajaron aquí, se ven obligados a repartirse por toda España y por el extranjero. Esa es hoy nuestra realidad.
Nada de éxito, por tanto.
Los chinos son chinos.
A continuación, el alcalde repasó los proyectos empresariales frustrados, que son prácticamente todos, salvo el de ENCE —que llega porque este es el lugar idóneo para su implantación futura— y los de bombeo reversible, que responden a una lógica económica evidente en un lago como el de As Pontes.
«Los chinos son chinos», decía, para advertir sobre lo imprevisible de su comportamiento. También afirmó que la Xunta es «un mundo de funcionarios», hasta el punto de que mientras la empresa china Sentury Tire ya tiene funcionando en Tánger la fábrica que iba a montar en As Pontes -con más de mil trabajadores- esos funcionarios continúan elaborando informes medioambientales para permitir una implantación que ya sabemos nunca llegará. Un auténtico chiste macabro.
Advertía asimismo algo que muchos piensan: que existen importantes probabilidades de que la nueva fábrica de SAIC no se instale finalmente en Ferrol, pese a lo que repite la prensa subvencionada encabezada por La Voz de Galicia. Y no solo por nuestra burocracia paralizante que tardará años en mover los papeles, sino porque el puerto de Ferrol dispone de unas 89 hectáreas, en su mayor parte ya comprometidas y de muy difícil sino imposible ampliación, mientras que el de Tánger supera las mil hectáreas disponibles y en pocos meses acaban con los trámites. Hay que decir aquí además que Stellantis en Vigo ocupa alrededor de 60–70 ha en sus instalaciones principales, SEAT en Barcelona supera las 250 ha y Ford en Valencia ronda las 270 ha. Parece evidente que no hay sitio ¿Entonces de que estamos hablando?
Lo dicho por Valentín: «los chinos son chinos». Aunque quizá la conclusión más evidente sea que nosotros no somos precisamente los más listos de la clase.
Las pequeñas empresas.
Comentó después el alcalde, a modo de consuelo, que en As Pontes existe mucho empleo generado por pequeñas empresas y que no se valora suficientemente. Y es cierto. Pero eso no es nuevo, ocurrió siempre.
La diferencia es que antes esas pequeñas empresas dirigidas por personas y familias como los Formoso -curtidas y con experiencia- inspiraban confianza pues se asentaban sobre una realidad económica y profesional sólida y prosperaban o quebraban sin depender de ayudas públicas. Mientras tanto, lo que sí era seguro es que decenas de jóvenes de la villa se formaban con ellos en estructuras metálicas, carpintería, fontanería o albañilería, y muchos terminaban creando posteriormente sus propios negocios y riqueza en el municipio.
Hoy, por el contrario, muchas-o la mayoría- de las empresas a las que se refiere el alcalde nacen sustentadas en subvenciones, ofrecen empleos poco cualificados y salarios precarios, y están dirigidas por personas sin tradición profesional alguna o lo que es peor por auténticos corsarios empresariales que, tras impartir conferencias, recibir premios -de Valentin – y presentarse como genios de la innovación, acaban casi siempre en la ruina y lo que es aun peor dejando tras de sí un reguero de impagos en los suministradores locales.
Hay muchos ejemplos y probablemente veremos alguno más en un futuro próximo.
Buscando la puerta.
La reunión concluyó en poco más de una hora, sin apenas una sola réplica ni comentario por parte de los asistentes. El ambiente era de resignación y disgusto contenido. Todos parecían sometidos por el clientelismo y el temor a destacar demasiado. Nadie estaba allí satisfecho ni convencido. Ni contento.
Valentín, por su parte, deseaba marcharse cuanto antes. Era y es consciente de que, aunque no sea responsable directo de que las empresas no lleguen al municipio, su actuación durante el cierre de la central térmica -obediencia al PSOE-y en la defensa del patrimonio industrial de As Pontes-sumisión a los intereses de ENDESA- pasará a la historia como profundamente perjudicial para los vecinos. Pero, sobre todo, por la falsedad y el engaño con los que, a juicio de muchos, se manipuló a la población. Ni transición justa ni suelo industrial. Todo mentira.
Y eso pocos lo dudan, aunque lo callen.
La captura.
Nos dirigimos a la puerta, no para abandonar el local, sino para esperar al alcalde y capturarlo bloqueándole la salida. La espera resultó agradable gracias a la compañía de José Cope, con quien siempre he mantenido buena relación y que nos habló de su libro sobre autodefensa femenina. También se acercó Monserrat, presidenta de COHEMPO, ávida de información y opiniones, pero algo desbordada por el trasfondo conflictivo del ambiente.
Finalmente apareció Valentín, demorándose como quien no tiene prisa, con una sonrisa político-defensiva y tratando, como siempre, de mostrarse cercano y coloquial. Pronto nos vimos rodeados por numerosos asistentes, que percibieron en aquel encuentro improvisado la posibilidad de escuchar algo más interesante que lo que había dado de sí la reunión.
Le trasladé de inmediato la necesidad y la obligación que tenía de poner orden cuanto antes en el conflicto con el párroco y de dejar de esconderse esperando que el problema se agravara.
Asintió con la cabeza, aunque para muchos resultaba evidente que había alentado al sacerdote en este enfrentamiento y que ahora, desbordado por la realidad social, confiaba en que los mismos “pumpidos” de la Consellería de Cultura que en su día consideraron innecesario mantener el Parque de Carbones porque, según ellos, «edificios como ese hay muchos en Europa», elaboren ahora un nuevo informe que permita dar alguna cobertura a las pretensiones del cura y acabar situando las sillas donde al reverendo le salga de los huevos. Que tiene muchos. Aunque parece obvio que se le están ablandando.
Una causa común.
Vamos pues a esperar las nuevas piruetas del alcalde y las de este bombero torero de cura que tenemos y ver si también -como le ocurrió frente a su propio partido y Endesa- en esta ocasión Valentín es humillado por el obispado y en adelante-además de haberle regalado el solar edificable de las gallinas en la Villa- tendremos que pagarle una tasa al obispo o una comisión al cura por usar la plaza.
Hay que tener en cuenta además que este tema fue debatido en un pleno el 5 de octubre de 1987(punto 14º) llegando a un acuerdo únicamente con los votos de Amigos de As Pontes haciendo constar el Secretario lo siguiente:
“El sr. Secretario advierte que los bienes objeto del tema de la plaza del Carmen pueden ser demaniales por haber estado destinados más de 30 años a uso público por lo que el ayuntamiento los hubiera adquirido por prescripción adquisitiva y como tales bienes demaniales son imprescriptibles, inalienables e inembargables no pudiendo ser objeto de ningún tipo de transacción en tanto estén afectados”.
Pese a todo le regalamos al obispado el solar de las gallinas. No habrá pues más extorsiones y nosotros, ocurra lo que ocurra, continuaremos con la defensa de José Francisco, el hostelero «sin escrúpulos» de las sillas. No solo por la legitimidad de su derecho a trabajar en un espacio público, no solo también por defender los intereses generales de los vecinos- auténticos dueños de la plaza del Carmen- sino por porque su causa se ha convertido hoy, para la mayoría de los vecinos en As Pontes, en una auténtica cuestión de libertad.
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