La demolición del Parque de Carbones avanza con una rapidez tan inquietante como polémica. Ya han sido derribados seis de los dieciséis arcos que conformaban esta emblemática estructura del patrimonio industrial pontés; apenas quedan diez en pie, resistiendo el empuje de unas máquinas que trabajan, según denuncias reiteradas, entre irregularidades e ilegalidades consentidas por el Ayuntamiento.

Los trabajos se estarían ejecutando con claros incumplimientos del proyecto que sirvió de base para la concesión de la licencia municipal, incrementando el riesgo inherente a la propia demolición. Así lo ha puesto de manifiesto la Plataforma para la Defensa del Patrimonio Industrial de As Pontes, que presentó denuncia formal en el consistorio solicitando, al amparo del artículo 152 de la Ley del Suelo de Galicia, la paralización inmediata de las obras una paralización que no es facultativa sino obligada por la ley y que el ayuntamiento, de momento, no está cumpliendo.

Pero las irregularidades no terminarían ahí. Según la Plataforma, tampoco se estaría respetando el organigrama técnico recogido en el proyecto aprobado, alterando la secuencia prevista de los trabajos con el aparente objetivo de acelerar la desaparición total del edificio. Una premura que, denuncian, podría buscar un hecho consumado antes de que la Consellería de Cultura incoe el expediente para su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC). De completarse la demolición antes de esa posible protección, el edificio quedaría reducido a escombros justo en el momento en que la administración autonómica pudiera iniciar su salvaguarda. Y, en caso de que finalmente se declarase BIC con la demolición no terminada, se abriría incluso la puerta a unas fraudulentas reclamaciones indemnizatorias.

La polémica crece a medida que caen los arcos y se estrecha el margen para cualquier medida cautelar. El próximo martes, en la Casa Dopeso, el diputado de Vox en el Congreso, José María Figaredo, anunciará la intervención de su partido en defensa del patrimonio industrial de As Pontes, sumando así una dimensión política nacional a un conflicto que ya trasciende lo estrictamente urbanístico.

Mientras tanto, el perfil del Parque de Carbones se desdibuja día a día en el horizonte de As Pontes. Cada arco que cae no es solo una extraordinaria pieza de acero magistralmente configurada  menos: es un fragmento de memoria colectiva y de futuro posible que desaparece entre denuncias, corrupción y silencio institucional.