En estos días, sin duda complejos y tristes por muchas razones para nuestro municipio, asistimos a debates públicos que, en ocasiones, corren el riesgo de generar más división que entendimiento entre vecinos. Mientras As Pontes afronta importantes retos sociales, económicos y también patrimoniales, los medios de comunicación han centrado buena parte de la atención en una controversia relacionada con la instalación de unas sillas y mesas de cafetería en la Plaza del Carmen.
Precisamente por ello, y con ánimo constructivo y conciliador, considero oportuno aclarar algunos aspectos que conviene que toda la ciudadanía conozca.
Las sillas tienen licencia.
En primer lugar, las mesas y sillas disponen de autorización administrativa para su instalación desde diciembre de 2025. El Ayuntamiento no ordenó en ningún momento su retirada, sino que requirió al propietario para que aportase la documentación acreditativa correspondiente, indicándole que, únicamente en caso de no disponer de ella, procediese a retirarlas en el plazo de cinco días. La documentación fue presentada dentro del plazo establecido y, por tanto, la situación quedó regularizada administrativamente. No hay más que hablar. Salvo quizás de las gallinas.
El terreno es de uso público y titularidad privada.
En segundo lugar, conviene recordar que el terreno donde se ubica la capilla fue adquirido por la Cofradía del Carmen en el siglo XVIII y posteriormente inscrito a nombre del Obispado en 1987, coincidiendo curiosamente con los trámites impulsados por el gobierno de Amigos de As Pontes para la primera pavimentación de la zona. Aquel proceso-que viví en primera persona- dio lugar a conversaciones institucionales, acuerdos con el Obispado y debates plenarios que terminaron consolidando el carácter de uso público del espacio y su gestión municipal. Reabrir ahora un debate que ya fue encauzado desde el diálogo y el consenso sería un acto temerario que no contribuiría a la convivencia que todos deseamos y que muy probablemente conduciría además a un resultado inevitable: la plaza es de los vecinos de As Pontes. Que nadie lo dude, podrá ganar alguna batalla, pero quien lo intente perderá la guerra.
El ejemplo de un cura: D. Enrique Rivera Rouco “El cura de Os Chaos”
En tercer lugar, y ya desde una perspectiva estrictamente vecinal, es evidente que pueden existir alternativas de colocación de mesas y sillas que resulten satisfactorias para todas las partes y compatibles tanto con la actividad económica como con la sensibilidad estética del entorno. Lo vemos todos. De hecho, trasladé personalmente al empresario la conveniencia de mostrarse receptivo a posibles propuestas de acuerdo, y tengo constancia de que lo intentó sin resultado. A este cura parecen gustarle más los platós que los acuerdos. Allá él.
Pese a ello, creo sinceramente que este asunto- de escasa importancia mire por donde se mire- debería resolverse desde el diálogo sereno, la humildad, la prudencia y la voluntad de acuerdo. Todas las partes, y especialmente quienes desempeñan una función pública, social o espiritual de referencia como es el caso del párroco, tienen una responsabilidad añadida a la hora de favorecer la concordia y evitar tensiones innecesarias entre vecinos. Y en As Pontes hemos tenido un buen ejemplo de ello. El monumento a nuestro querido cura D. Enrique Rivera Rouco nos lo recuerda.
Quizás al Sr. D. Juan Pablo Alonso Rolle le convenga recordar aquellas palabras del Evangelio de Mateo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
Pues eso.
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