Las cuatro torres de refrigeración de la antigua central térmica de As Pontes ya forman parte de la historia. En apenas unos segundos desaparecieron unas estructuras que, durante décadas, definieron el perfil del municipio y fueron el símbolo visible de la actividad industrial que convirtió a la localidad en uno de los principales polos energéticos de España.
Su demolición supone mucho más que el derribo de unas construcciones de hormigón. Representa el cierre definitivo de una etapa que marcó la economía, el empleo y la identidad de varias generaciones de ponteses. Para muchos vecinos, las torres eran un elemento inseparable del paisaje; para otros, el recuerdo de una industria que permitió el desarrollo de la comarca.
Sin embargo, la desaparición de estos símbolos llega sin que la prometida transición justa haya logrado disipar las dudas sobre el futuro de la localidad. Durante los últimos años se han sucedido anuncios de inversiones, proyectos industriales y planes de reindustrialización, pero buena parte de ellos continúan sin traducirse en actividad económica o empleo suficiente para compensar la pérdida de la central.
Precisamente por ello, la demolición ha sido vivida de forma muy distinta entre los vecinos. Mientras unos la consideran un paso necesario para dar paso a nuevas iniciativas, otros lamentan que se elimine un patrimonio industrial de enorme valor antes de que exista una alternativa real capaz de sustituir el peso económico que tuvo Endesa durante décadas.
Diversas entidades patrimonialistas han defendido la conservación de parte del complejo como testimonio de la historia industrial de As Pontes. Su postura no responde únicamente a una cuestión sentimental, sino también a la convicción de que el patrimonio industrial puede convertirse en un recurso cultural, turístico y educativo si se integra adecuadamente en el futuro desarrollo del municipio.
Con la desaparición de las cuatro torres, As Pontes pierde una de las imágenes más reconocibles de su paisaje. Lo que permanece abierto es el interrogante sobre si la localidad conseguirá recuperar el empleo y las oportunidades que justificaban la denominada transición justa o si, por el contrario, esta acabará siendo recordada más por la desaparición de la central que por la llegada de los proyectos llamados a sustituirla.
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Diario de Ferrol y video de El Progreso
Habrá que buscar y encontrar todos los obstáculos que sea necesario demoler. Se diría que es preciso abrir un camino demasiado ancho para dar paso a la transición justa. Ahora falta saber si tal transición justa tiene la intención de pasar por aquí. Y lo que es más lmportante, si va a traer puestos de trabajo…