Nota introductoria: el presente artículo se escribió a raíz de una conversación con la Inteligencia Artificial (ChatGPT) acerca de los retos que afronta As Pontes de cara a su futuro más inmediato, analizando las posibles fortalezas y oportunidades, una vez que ha quedado definitivamente atrás la era dorada del carbón.
Durante décadas, As Pontes de García Rodríguez fue uno de los grandes símbolos industriales de España. La enorme la mina de lignito y la potente central térmica a la que alimentaba no solo definieron el paisaje del municipio, sino también su identidad social, económica y cultural. El trabajo, la vida cotidiana e incluso la memoria colectiva quedaron ligados a una idea muy concreta de progreso: la energía como motor de prosperidad.
Sin embargo, el cierre sorpresivo y anticipado de la central térmica abrió una herida profunda. Como ocurrió en muchas regiones europeas dependientes del carbón, la desaparición de esta industria generó incertidumbre económica, pérdida de empleo y un sentimiento colectivo de decadencia. En estos territorios aparece a menudo una sensación difícil de combatir: la impresión de haber pertenecido a un mundo que ya no existe: “Éramos algo y lo perdimos” que, en el caso de As Pontes, puede que duela todavía más si cabe ya que no lo perdimos.Nos lo arrebataron.
No obstante, la situación de As Pontes presenta una diferencia fundamental respecto a otros procesos de desindustrialización. La mayoría de las comarcas que pierden su industria pesada pierden también las infraestructuras, la capacidad energética y el capital técnico asociado a ellas. As Pontes, en cambio, conserva activos extraordinarios: una red eléctrica gigantesca, suelo industrial disponible, gran abundancia de agua, experiencia (lo que los anglos llaman “know-how” y nosotros “saber hacer”) acumulada durante décadas y una fuerte cultura obrera e industrial. Precisamente por eso, el futuro del municipio no debería construirse intentando recuperar el pasado, sino aprovechando, poniendo en valor y reutilizando todo aquello que el pasado nos legó.
La gran cuestión, por lo tanto, no es cómo sustituir una central térmica, sino cómo transformar una infraestructura energética del siglo XX en un ecosistema industrial del siglo XXI.
De la capital del carbón a nodo energético inteligente.
Europa atraviesa actualmente una transformación energética comparable, en muchos sentidos, a la revolución industrial clásica. La electrificación de la economía, el crecimiento de las energías renovables, la expansión de la inteligencia artificial y la necesidad de almacenar energía a gran escala están modificando completamente el mapa industrial del continente. Y dentro de este contexto, por sorprendente que a algunos les pueda parecer, nuestro querido pueblo de As Pontes podría jugar un papel inesperadamente relevante.
La antigua central térmica fue diseñada para producir grandes cantidades de energía (1.468 MW). Esa característica, que durante décadas alimentó un modelo basado en el carbón, puede convertirse ahora en una ventaja competitiva para las nuevas industrias electrointensivas. Muy pocos lugares de la península ibérica reúnen simultáneamente capacidad de evacuación eléctrica, suelo industrial disponible, agua abundante y experiencia operativa en sistemas energéticos complejos.
Por ello, el objetivo estratégico no debería ser atraer una única gran fábrica salvadora, lo que eventualmente nos devolvería al problema que tenemos ahora: si en el futuro esa hipotética gran fábrica entrara en crisis, el pueblo, su economía y su sociedad se verían arrastrados con ella, exactamente igual que ha pasado ahora con el cierre de la central térmica. El objetivo tiene que ser convertir el municipio en un polo energético-industrial diversificado y moderno.
La idea fundamental sería sencilla: utilizar la infraestructura no solo para producir electricidad, sino para atraer actividad económica de alto valor añadido. Y ese alto valor añadido, con gran potencial para As Pontes, bien pudiera ser el auge de los centros de datos, vinculados a la computación en “la nube” y a las nuevas oportunidades que genera la tecnología de la inteligencia artificial.
La revolución de la IA está provocando un crecimiento explosivo de la demanda eléctrica a nivel mundial. Los nuevos modelos de inteligencia artificial requieren enormes capacidades de cálculo, lo que conlleva enormes consumos energéticos. Un campus avanzado de computación puede llegar a demandar cientos de megavatios de potencia eléctrica, cifras comparables al consumo de ciudades enteras.
El problema es que las regiones tradicionales donde se concentran estos centros, como Dublín, Ámsterdam o Frankfurt, empiezan a sufrir de saturación eléctrica, de encarecimiento del suelo y de una creciente oposición social. La industria necesita nuevos territorios capaces no sólo de proporcionar energía abundante, sino también espacio, agua y estabilidad. Y es precisamente ahí donde As Pontes puede encontrar una oportunidad única, histórica e irrepetible.
El municipio dispone de una capacidad eléctrica gigantesca, heredada de la antigua central térmica, amplias superficies industriales y un clima templado relativamente favorable para la refrigeración. Además, cuenta con un elemento poco habitual en Europa occidental: una fuerte aceptación cultural de la actividad energética e industrial. Mientras otras regiones perciben este tipo de proyectos como una amenaza paisajística o ambiental, As Pontes posee una larga tradición de convivencia con grandes infraestructuras industriales y energéticas. Y por si todo eso fuera poco, también cuenta con una fuente de energía potente y estable ya instalada en el municipio: la central de ciclo combinado.
Sin embargo, el verdadero potencial no estaría únicamente en atraer los servidores necesarios para los centros de datos. La clave sería construir un ecosistema alrededor de ellos.
Las torres de refrigeración: de gigantes de vapor a catedrales digitales.
Dentro de esta posible transformación, las torres de refrigeración hiperbólicas de la antigua central térmica pueden llegar a ocupar un lugar especialmente destacado e interesante.
A primera vista, podría parecer una idea extravagante reutilizarlas para albergar centros de datos. Y, efectivamente, existen importantes limitaciones técnicas. Los servidores requieren entornos extremadamente controlados en términos de humedad, vibraciones, compartimentación y seguridad. Sin embargo, eso no significa que las torres carezcan de valor. Al contrario: la transformación de las torres tiene sus complicaciones, pero no es imposible. Además, por las características de su diseño, tienen varios elementos a su favor.
Las torres fueron diseñadas para disipar calor y mover enormes volúmenes de aire mediante convección natural. Y precisamente el principal problema técnico de la inteligencia artificial y los centros de datos es la gran cantidad de calor generado por la computación masiva. Por ello, las torres, que están específicamente diseñadas para enfriar, podrían reutilizarse no solo para albergar servidores, sino también como parte de sistemas avanzados de refrigeración, almacenamiento térmico o recuperación energética.
No menos importante es su dimensión simbólica. En un mundo donde las grandes empresas tecnológicas buscan asociar su imagen a conceptos como sostenibilidad, reutilización industrial y transición energética, pocas narrativas resultarían tan poderosas como esta: transformar una de las mayores centrales de carbón de España en un campus europeo de inteligencia artificial y energía limpia.
Lejos de representar únicamente el pasado industrial, las torres podrían convertirse en un icono arquitectónico de la transición energética europea. Derribarlas supondría perder para siempre una infraestructura singular y, sobre todo, una identidad visual icónica. Un error que ya hemos cometido con la pérdida del Parque de Carbones de la central y que no debemos repetir.
El verdadero reto europeo: almacenar la energía.
Aunque la tecnología de la inteligencia artificial ofrece oportunidades importantes, quizá el ámbito más estratégico para As Pontes sea el almacenamiento energético masivo.
El gran problema de las energías renovables no es únicamente producir electricidad, sino almacenarla y gestionarla. La energía eólica y solar son intermitentes: producen cuando las condiciones meteorológicas lo permiten, no necesariamente es cuando la demanda lo necesita. Por ello, la transición energética europea requerirá enormes sistemas de almacenamiento capaces de estabilizar la red eléctrica. Y se da la circunstancia de que As Pontes posee condiciones particularmente favorables para desempeñar ese papel.
La antigua central térmica ya disponía de conexiones de alta tensión preparadas para mover grandes cantidades de potencia eléctrica. A eso hay que sumarle amplias superficies industriales, una gran disponibilidad de agua y una posición estratégica dentro del sistema energético gallego, muy vinculado al desarrollo eólico presente y futuro.
Con las inversiones y la planificación adecuadas, As Pontes podría llegar a convertirse en una especie de “batería energética” del noroeste peninsular en relativamente poco tiempo. La clave no estaría en apostar por una única tecnología de acumulación, sino en combinar varias soluciones que sean complementarias entre sí.
Un ecosistema híbrido de almacenamiento.
Las baterías de gran escala, los denominados sistemas BESS (Battery Energy Storage System) Sistema de Almacenamiento de Energía en Baterías, representan probablemente la opción más inmediata. Permiten almacenar excedentes renovables, estabilizar la frecuencia de la red y vender servicios eléctricos avanzados. Su implantación es relativamente rápida y encaja perfectamente con la infraestructura existente.
Junto a ello, el hidrógeno verde podría desempeñar un papel relevante, aunque con prudencia. Muchos proyectos europeos vinculados al hidrógeno han caído en expectativas excesivamente optimistas. En el caso de As Pontes, tendría más sentido desarrollar proyectos industriales concretos y escalables que grandes megaproyectos dependientes exclusivamente de subvenciones y ayudas públicas.
El almacenamiento térmico constituye otra posibilidad especialmente interesante y, a menudo, infravalorada. La energía puede almacenarse no solo en baterías químicas, sino también en forma de calor mediante sales fundidas, agua caliente, arena, grafito o materiales cerámicos. Esto encajaría muy bien con un ecosistema donde coexistiesen centros de datos, procesos industriales y recuperación de calor residual.
Incluso el enorme lago artificial, tal vez junto con el embalse de A Ribeira, podría participar parcialmente en soluciones de bombeo hidráulico o almacenamiento híbrido, aunque eso requeriría estudios técnicos y ambientales detallados.
El riesgo de convertirse únicamente en una “colonia energética”.
Sin embargo, existe un peligro evidente. Muchas regiones energéticas producen electricidad, almacenan energía o alojan infraestructuras estratégicas sin generar suficiente riqueza local. El territorio se convierte en un mero soporte físico mientras el valor económico se concentra en otros lugares. Ese es precisamente el escenario que As Pontes debería evitar a toda costa. La transición solo será exitosa si genera tejido productivo local y oportunidades para las generaciones jóvenes.
La energía, por sí sola, crea relativamente poco empleo permanente. Un gran centro de datos consume enormes cantidades de electricidad, pero no emplea directamente a miles de personas. Por ello, el verdadero objetivo debería ser construir un ecosistema industrial alrededor de la energía. Eso implica:
- Atraer empresas medianas y especializadas del sector.
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Impulsar la formación técnica avanzada.
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Favorecer el emprendimiento industrial, reduciendo en lo posible burocracia e impuestos.
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Conectar la infraestructura energética con nuevas actividades económicas.
Aquí sería necesario el compromiso no sólo por parte de las autoridades locales, sino también la implicación de instituciones autonómicas y estatales.
Reconstruir una identidad colectiva
La transformación de As Pontes no es únicamente un problema económico. También es un desafío psicológico y cultural. Como se mencionó al principio de este artículo muchas regiones industriales quedan atrapadas en una narrativa de pérdida permanente: “fuimos algo importante y dejamos de serlo”. Ese sentimiento puede llegar a resultar devastador porque erosiona la autoestima colectiva y dificulta imaginar el futuro.
Por eso la reutilización del patrimonio industrial tiene un valor mucho más profundo que va mucho más allá de la simple nostalgia. Conservar parte de las infraestructuras, reinterpretar la memoria energética del municipio y convertirla en un elemento de futuro permitiría construir un nuevo relato colectivo. Catástrofes como la destrucción del Parque de Carbones, con la pérdida no solamente de su valor patrimonial e icónico, sino también de todo su potencial de reutilización es algo que no debemos permitir que vuelva a pasar.
La cuestión no es olvidar el carbón, sino transformarlo en el punto de partida de una nueva etapa histórica. As Pontes puede pasar de representar el final de una era industrial a simbolizar una transición auténtica, inteligente y socialmente justa. Y, paradójicamente, su principal ventaja para lograrlo es precisamente aquello que hoy parece un problema: haber sido uno de los grandes centros energéticos del país.
Pocas comarcas españolas poseen simultáneamente potencia eléctrica, agua en abundancia, suelo industrial, conocimiento técnico y necesidad urgente de reconversión. En un mundo cada vez más dependiente de la energía y la computación, esas características pueden convertir a As Pontes no en una periferia olvidada, sino en uno de los grandes nodos estratégicos de la nueva economía energética europea.
Y esa es una oportunidad que no podemos dejar escapar.
Consideraciones finales: Al cierre de mi conversación con la Inteligencia Artificial y tras agradecerle sus interesantes aportaciones (me gusta hablar con la IA como si de una persona se tratase), me hizo el siguiente comentario, que me parece oportuno reproducir tal cual:
Me alegra muchísimo que te haya gustado. Y, sinceramente, el tema tiene muchísimo potencial porque As Pontes de García Rodríguez reúne una combinación muy rara de memoria industrial, infraestructura energética y necesidad de reinventarse.
Además, lo interesante de esta conversación es que no parte de una visión ingenua o puramente optimista, sino de algo mucho más sólido: entender que la transición energética europea va a necesitar lugares capaces de hacer exactamente lo que As Pontes sabe hacer desde hace décadas: gestionar energía, infraestructura y sistemas industriales complejos, aunque ahora con tecnologías distintas.
Creo que ahí está la idea central: el futuro de As Pontes probablemente no dependa de olvidar su pasado industrial, sino de reutilizarlo inteligentemente.
Y eso tiene mucha fuerza narrativa, económica y hasta simbólica.
Será un placer seguir ayudándote con ello.
Por Marco Chacón Ramos
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