La demolición del Colegio Pardo Bazán, que se consuma en estos días, no es solo la desaparición de un edificio: es el final silencioso de una época en As Pontes. Entre el polvo y los escombros se diluyen décadas de vida, de esfuerzo y de recuerdos que marcaron a generaciones enteras.
Aquel colegio que abrió sus puertas en 1962 y que se completó en 1972, integrando a la academia Nebrija —la primera academia privada de la localidad—, fue mucho más que un centro educativo. Fue un lugar de oportunidades. Allí se impartió por primera vez el bachillerato en As Pontes, incluso en horario nocturno, abriendo caminos a quienes buscaban un futuro mejor sin renunciar a sus responsabilidades diarias.
La iniciativa partió de la familia Rivera, profundamente arraigada en la vida de la villa, con presencia en ámbitos tan diversos como la industria, la construcción, la administración o las autoescuelas. Pero si hay un nombre que permanece ligado de forma imborrable al alma del colegio es el de Doña Lidia, esposa de Manuel Rivera, que lo dirigió desde su fundación con dedicación incansable. Junto a ella, figuras como Jesús Rivera y tantos profesores —Don Juan, Don Emilio, Don Rosendo, Lelis, Carlos y ,Nieves Vecilla ,Dulce, Gloria, Pilar ,Amarelo, Esmeralda, Marita, Manolo Rodrigue y José ,Loli ,Fina ,Adela, Fernando entre muchos otros— dejaron una huella imborrable en la memoria de sus alumnos.
El centro cerró sus puertas en 2009, tras un periodo de dificultades económicas y tensiones que también derivaron en conflictos personales. Sin embargo, nada de eso puede empañar la extraordinaria e intachable labor formativa que durante décadas definió al Colegio Pardo Bazán.
Hoy, al contemplar sus ruinas, no podemos evitar sentir que algo más profundo se derrumba con ellas. Decimos adiós con tristeza a “La Pardo”, ese lugar por el que pasaron miles de jóvenes de As Pontes, en un tiempo en el que también otras piezas de nuestra memoria colectiva, como la del Parque de Carbones, desaparecen. Y con cada piedra o trozo de metal que cae, se borra un poco más la historia compartida de todo un pueblo.
Adiós a “La Pardo”

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