Hace seis años, Natalia Méndez decidió dar un giro radical a su vida. En lo más alto de su carrera profesional, cuando llevaba varias temporadas como cantante de la orquesta Panorama, la artista de As Pontes se bajó de los escenarios. Una decisión «difícil» pero meditada con la que buscaba cumplir su sueño «de ser madre» y «dedicar más tiempo a la familia».
Con lo que no contaba es que ese distanciamiento «del lugar donde más libre y fuerte» se sentía acabaría en terapia. «Hice un síndrome de Bournout (un trastorno psicológico relacionado con el estrés crónico en el ámbito laboral que se caracteriza por un estado de agotamiento físico, emocional y mental) de manera totalmente inconsciente», cuenta, explicando que al dejar la orquesta se centró en preparar una oposición de Educación y rechazó por completo la que hasta entonces había sido su gran pasión.
«No canté ni escuché música durante casi dos años. En alguna ocasión mis amistades me pedían que cantase algo y sentía que me estaban amargando, solo quería huir. Hasta una noche que, después de mucho insistir, canté y volví a experimentar lo que sentía haciéndolo. Había hundido mis emociones en un lago congelado que no fui capaz de romper hasta ese momento», reflexiona la pontesa, dando más detalles del proceso que vivió.
Recuerdos del pasado en el escenario
«Fue justo después de sacar la plaza de profesora y de haber sido mamá. Con esos objetivos cumplidos se me vino todo encima y me costó varias sesiones de terapia entender que no podía renunciar a esa parte de mí», cuenta Naty, que en un viaje al pasado rememora con nostalgia todas las puertas que le abrió la Panorama.
«Llegamos a hacer un musical infantil y compartí escenario con artistas que nunca hubiese imaginado. Estaré siempre infinitamente agradecida a Lito y al resto del equipo por la oportunidad», afirma, consciente de que cada noche «era un regalo».

«Es un trabajo muy exigente en el que debes dar un 200% aunque no sea tu mejor día, pero recibes tanto a cambio que se convierte en algo adictivo«, dice sobre el mundo de las orquestas top en las que se requiere «tener carisma, talento y saber conectar con el público», reflexiona la pontesa.
Ella consiguió cumplir todos los requisitos a base del esfuerzo de muchos años. «Me pasaba horas encerrada en mi habitación cantando, probando qué era capaz de hacer, grabándome y corrigiendo», cuenta, consciente de que los comienzos «fueron duros, pero la ilusión lo compensaba todo».
Nuevos tiempos, en televisión
Y es que el micrófono se convirtió en un apéndice más de su cuerpo, al que ahora se agarra de nuevo gracias a su participación en varios programas de la TVG, como Aquí Galicia o A liga dos cantantes extraordinarios, donde ha ejercido como madrina de la Panorama.
«Me siento muy afortunada de poder haber vivido esta experiencia, el mundo audiovisual me gusta mucho y son formatos que ahora mismo se complementan mejor con mi vida», dice Naty, que sigue colaborando en eventos privados y tiene en mente crear un formato acústico para ellos.
EL PROGRESO
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